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martes, 2 de abril de 2013

•"Tan solo una salida" {Capítulo 22}.


Scott comienza a moverse sobre mí haciendo que mi cuerpo se clave aún más contra el suelo. El dolor se hace sordo con el peso de su cuerpo y siento que no puedo gritar. Sus labios fuertemente contra los míos me hacen perder el aire. No puedo respirar. No puedo gritar. Solo puedo… llorar.

-Y ahora jodida bastarda, voy a follarte para que aprendas a ser una buena chica.

Tras esta última frase el pánico cunde sobre mí y comprendo que ha llegado demasiado lejos. Sé que estoy jodida. En medio de la nada y con un violador deseando venganza por una humillación pública. Y sé que lo hará, claro que va a hacerlo… a él nunca le ha importado hacerme daño.

Intento zafarme de su agarre como puedo, lucho contra sus manos pero el peso de su cuerpo me bloquea. Ahora su mano abandona mi pecho para bajar hasta mis shorts  e intentar encontrar el botón. Está histérico y es torpe. En un momento de descuido logro sacar una de mis manos de encima de mi cabeza y por instinto la convierto en un puño, estampándolo con todas mis fuerzas sobre su cara. Scott recibe un golpe sordo y se echa hacia atrás llevándose consigo las manos sobre el lugar golpeado, por lo que vuelvo a estar libre. Sin pensarlo me levanto y me dispongo a correr, pero una vez más soy demasiado lenta y su mano agarra mi pierna tirándome hacia atrás.

-Eres una pequeña puta –está furioso- voy a matarte.

Me arrastro como puedo hasta topar de espaldas con el tronco, que me impide retroceder.

-¡Déjame! –Grito histérica- ¡no me toques!

Scott extiende su mano al aire convirtiéndola en un puño. Un puño que apunta directamente sobre mi cara, y entonces me veo en un Déjà vu, una situación que ya he vivido antes. Este mismo instante. Solo que esta vez no hay nadie para salvarme… ¿o si?

En un acto reflejo tapo mi cara con las manos para protegerme del golpe. Cierro los ojos y rezo para que acabe rápido, sea lo que sea que vaya a pasar no quiero verlo, quiero que todo acabe, que me mate, pero rápido. Que haga lo que quiera… que se termine de una vez. Pero el golpe nunca llega. En su lugar escucho un ruido sordo y noto movimiento delante de mí. Pasan unos segundos hasta que logro reaccionar y entonces todo se queda en silencio ¿Qué?

Abro los ojos para encontrarme a Justin enfrente de mí, con los ojos muy abiertos, la respiración agitada y su mano convertida en puño. Miro a mi derecha y veo a Scott tirado en el suelo con las manos sobre la cara. Hay sangre, sangre en la mano de Justin y también en la cara de ese desarmado bastardo. Sin poder creer lo que veo me quedo inmóvil, no sé qué hacer y tampoco si es real o solo estoy inconsciente. No he sentido nada ¿puede ser? ¿Cómo? Y entonces escucho su voz… y todo encaja.

-Creo que dijo que no la tocaras, hijo de puta –escupe con desprecio Justin.

Le miro sin creer lo que veo pero él no me devuelve la mirada. Sus ojos están clavados en Scott. Arden, buscan saciar el hambre de venganza que desde hace mucho tiempo reclaman.

-No deberías haberla tocado nunca, no sabes lo que has hecho, jodido cabrón –su voz es un siseo envenenado que choca contra mis oídos. Nunca había visto así a Justin. Parece… otro.

Scott se levanta de repente aturdido y logra mantenerse de pié. Mira al chico que tiene delante todavía desconcertado y entonces sonríe.

-Has llegado a tiempo para el banquete –ríe- podemos disfrutar juntos de ella –me señala con la mano manchada de sangre que mana de su cara. Está desvariando.

Justin dirige la mirada un segundo hacia mí y nuestros ojos se encuentran. Su mirada es dura, fría… la misma que la de Scott. ¿Es ese Justin realmente? ¿Ese es el chico del que estoy enamorada? De repente noto una luz que se abre paso en lo más hondo de sus ojos miel y se queda parado. Es él.

Quiero levantarme. Correr y abrazarlo, pero de repente pasa algo, demasiado rápido para que mis sentidos puedan asimilarlo. Veo a Justin tirado en el suelo, Scott sobre él. Ambos ruedan y escucho golpes. Justin grita y Scott le maldice. Sangre. Veo sangre y después de unos segundos solo a Justin sobre él, dándole golpes una y otra vez. Scott no se mueve.  Me abalanzo sobre él y le agarro por la espalda.

-¡Justin, para! –le abrazo por detrás- ¡Por favor, para! –no me hace caso- ¡Justin joder, detente! –y las lagrimas comienzan a caer de nuevo por mis mejillas- Para… -susurro- por favor…

Y de repente deja de moverse. Se da la vuelta buscando mi cara y me mira perdido. Miro su expresión y veo que de su labio sale sangre.

-Justin…
-Vámonos –su voz es dura. Aún no es él.
-Pero…
-He dicho que nos vamos de aquí –coge mi mano y tira de ella. Su agarre me recuerda a Scott, a un Scott furioso… y tengo miedo.
-No –me zafo de su mano.
-¿Qué?
-No –susurro.

Su mirad ahora cambia, se ablanda de repente y noto su incredulidad en los ojos, aunque aún hay algo extraño en ellos.

-Sweden… -murmura, y se acerca a mí despacio.

Yo no retrocedo, pero tampoco intento encontrarlo. Simplemente me quedo inmóvil. Esto es demasiado. Demasiado para mí.

-Sweden  –posa su mano sobre mi cara- vámonos a casa ¿vale? –Sonríe tenso durante un segundo y después se relaja un poco- por favor… vámonos de aquí.
-Está bien –murmuro. Coge mi mano y comenzamos a andar.


En silencio recorremos el camino de vuelta a casa, ninguno de los dos habla y me doy cuenta de que es una mala señal. Mientras atravesamos una de las calles miro de reojo a Justin y noto su expresión fría. Agarra mi mano con fuerza y la mantiene junto a la suya, pero en ese agarre no hay ningún rastro de amor. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha cambiado? Tras abandonar el parque entramos en una de las plazas, y al bajar unos escalones de repente noto un gran pinchazo en el costado.

-Agr –gimo deteniéndome.

Justin se para en seco en el acto y se vuelve para mirarme con preocupación.

-¿Qué pasa? –su mirada está vacía.
-Nada –intento buscar el brillo que antes había en sus ojos pero ha desaparecido- no es nada.
-Vamos –dice sin más, y seguimos andando esta vez un poco más despacio.

No lo entiendo. No entiendo cómo ha podido pasar esto. No comprendo por qué ahora estoy caminando de la mano con alguien a quien parece no importarle nada. Acaba de pelearse para salvarme la vida y todavía sale sangre de su labio como prueba, pero en cambio su comportamiento es neutro. No está enfadado pero tampoco ha mostrado ningún tipo de empatía hacia mí. Algo raro ocurre.

Llegamos a casa y Justin suelta mi mano para quedarse plantado frente a la puerta. Le miro durante un momento y tras ver que no parece estar a favor de hablar conmigo me limito a meter la mano en el bolsillo de mis shorts en busca de las llaves.

-Mierda –murmuro. Justin me dirige una mirada pero sigue sin decir nada- he perdido las llaves…

Ni una sola palabra. Él gira la cabeza y mira hacia otro lado. Estupendo. Está enfadado y ni siquiera sé por qué.

Me adelanto unos escalones más y me agacho para sacar una copia de las que mamá esconde siempre tras la segunda piedra del lado derecho del jardín. Al inclinarme noto otro pinchazo en el costado y me estremezco, aunque esta vez no digo nada puesto que sé que lo más seguro es que Justin me ignore. Agarro el juego de llaves y me vuelvo a incorporar para meterlas en el agujero, abro la puerta y me aparto a un lado para que él entre.

Todo está apagado y en silencio a pesar de que ya es tarde. Mamá debe estar a punto de llegar. Cierro la puerta detrás de mí y sigo a Justin hasta que se sienta en uno de los sofás en silencio. Me quedo de pié junto a él esperando algún tipo de reacción, pero no hay nada. Ni una mirada, ni una palabra, absolutamente nada. Pasan los minutos y ni siquiera es capaz de mirarme.
Esto es demasiado.

-¿Piensas decir algo? –exijo.

Él gira la cabeza en mi dirección. Por fin sus ojos se encuentran con los míos.

-¿Qué quieres que diga? –susurra.

¿Qué? Esto es el colmo.

-No te reconozco Justin, lo digo en serio –me acerco unos pasos acortando nuestra distancia.

Este me sigue con la mirada en silencio hasta que estoy lo bastante cerca como para observar que delante de mí, sobre el suelo, hay gotas de sangre.

-Tienes el labio roto –le digo al ver que no hay respuesta a mi anterior pregunta.
-No es nada.
-Estás manchando el suelo, tienes la boca llena de sangre y las manos… -bajo la mirada hasta ellas, que se encuentran cerradas en dos puños- ¿Qué pasa, Justin?

Éste aparta la mirada de mí posándola sobre el punto más lejano del salón, junto a la puerta.

-Justin…

No hay respuesta. Su comportamiento me irrita. No lo entiendo. Ahora estoy realmente cabreada. ¿Por qué se niega a hablar conmigo? ¿A caso es todo esto culpa mía? Tal vez si…

-Haz lo que quieras –suelto, y doy la vuelta sobre mis talones en dirección al piso de arriba.

Subo las escaleras dejándole tras de mí y cierro la puerta de mi habitación. Esto es jodidamente increíble. Surrealista. Toda esta situación es ridícula. ¿Qué demonios le pasa a Justin? Coge un avión hasta aquí para verme y cuando está a centímetros de mi ni siquiera me mira.

Entro al baño dando un portazo y me quedo parada frente al espejo. Miro mi reflejo intentando averiguar si esa chica soy yo. Ya no estoy segura. Me tiemblan las manos y estoy pálida. Tengo la camiseta rota y estoy llena de tierra. Me la saco con cuidado por encima de la cabeza y observo los moratones que empiezan a pasar de rojo oscuro a azul claro en mi vientre. Miro mi costado y veo las heridas provocadas por haberme arrastrado y también por el golpe contra el tronco. Me duelen las muñecas. Pero todo podría haber sido peor… ¿no?

Abro el grifo y dejo que el agua caiga con fuerza contra el mármol, me recojo el pelo y mojo mi cara para borrar las manchas. Abro uno de los cajones y saco un bote de alcohol y algodones, los mojo y comienzo a pasarlos por los arañazos de mi costado.

De repente la puerta se abre.

-¿Puedo pasar? –murmura Justin.
-Estoy en sujetador –digo seca.
-Bueno, lo tomaré como un sí –asoma la cabeza y entonces me topo de lleno con su sonrisa. Otro giro de 180 grados, no logro seguirle ¿Esto es algún tipo de broma? Definitivamente va a matarme.

Justin entra y cierra la puerta tras él, toma asiento en uno de los bancos que hay en un extremo y cruza sus brazos.

-¿De qué va esto? –me giro hacia él.
-Me he pasado un poco ahí abajo –dice- quería pedirte disculpas.
-Como quieras –murmuro, y vuelvo a darme la vuelta dándole la espalda.
-Oye ¿Qué… -de repente se queda callado, miro su reflejo y observo que su sonrisa ha vuelvo a desaparecer.
-¿Qué pasa ahora? –murmuro sin posar mis ojos en él.

Justin mira mi espalda.

-Estás herida –susurra tenso- ven aquí.

Ruedo una vez más sobre mi misma para enfrentarme a él.

-Y tú tienes el jodido labio roto, Justin –le señalo- esto no es nada.
-Ven aquí –extiende su mano.
-Solo si me dejas curarte –suelto el algodón y lo dejo sobre el lavabo.

Éste me mira durante un momento en silencio y entonces suspira.

-Como quieras, pero ven aquí de una vez.

Abro uno de los cajones y saco más algodones y botes de primeros auxilios. Arrastro otro de los bancos frente a él y me siento cara a cara. Nuestras miradas se encuentran durante un segundo y entonces Justin vuelve a transformarse. 
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RT aquí si habéis leído el capítulo. Gracias. 

sábado, 30 de marzo de 2013

•"Tan solo una salida" {Capítulo 21}.


Recorro todas las calles de ese pequeño pueblo camuflado lo mejor que puedo con gafas de sol, gorro y capucha, pero a pesar de ello la gente se me queda mirando. Aunque puede que sea por el hecho de ver a un chico correr como si ardiera en llamas y con los pantalones casi por las rodillas. Debería haberme puesto el cinturón que Sweden me regaló.

Salgo a otra pequeña calle más grande y miro hacia el final de ella. Veo una plaza con una gran fuente de piedra en el centro, y detrás un parque. Te tengo. Estoy aquí Sweden. Vine por ti. Sigo corriendo hasta salir al fondo y comienzo a ver gente paseando por aquella plaza. Busca Justin, busca. Nada. No la veo. Sigo avanzando y recorro con la mirada cada centímetro. De repente veo algo.
Te tengo.
Un banco.
Dos personas.
Oh dios… Sweden está preciosa.



{#Sweden}

Esta mañana tuve una conversación con mi madre. Una charla de esas que te abren los ojos y te hacen cambiar la manera de ver las cosas. Al levantarme ella estaba preparándose para ir a trabajar como cada mañana, y sin saber muy bien por qué me miró con una sonrisa en la cara y se sentó en el sofá indicándome que me sentara a su lado. No comprendí muy bien lo que buscaba, pero tras hablar durante un buen rato… me hizo ver que las cosas no siempre son tan malas como nosotros las pintamos. Que siempre hay una salida y que nunca está todo perdido. Que hay que luchar, cueste lo que cueste… por lo que realmente queremos. Y yo estaba dispuesta a hacerlo. Ella me abrazó y se despidió como cada día con un “te quiero” antes de salir por la puerta.

Ahora me encuentro una vez más en una situación en la que no quiero estar. Justin está lejos y Scott demasiado cerca.  Pero supongo que hay que pasar por caminos oscuros antes de ver la luz ¿no es así?

-Eh, quita esa cara, me estás deprimiendo –dice Scott desde mi derecha, ambos estamos sentados en uno de los bancos del camino que recorre el parque.

-Oh, cuanto lo siento.
-¿Alguna vez podremos tener una conversación decente sin que me escupas? –espeta.
-¿Sabes qué pasa? –le miro insistente- que yo, las conversaciones decentes las tengo con las personas decentes –sonrío- y tú eres un bicho.
-Tu sarcasmo me irrita –se pone tenso.
-Tú me irritas.

Los dos quedamos mirándonos durante unos largos minutos sin que ninguno diga nada, y de repente el ambiente cambia.

-Déjame hablar contigo sin tonterías por una vez.

Le miro en silencio.

-Sweden… -me mira- ¿nunca perdonas a la gente?
-Scott –digo cortante- no empieces con tus temas de remordimientos y tus excusas. Sabes perfectamente que no mereces ni siquiera que este aquí sentada contigo. Lo que has hecho e hiciste demuestra que sigues siendo el mismo… -suspiro- el mismo idiota inmaduro.
-Si te tomaras el tiempo suficiente para conocerme…
-Eh –le corto- para. Pareces bipolar esquizofrénico o algo por el estilo –intento mantener la calma lo mejor posible- ¿Qué es lo que te pasa? ¿de verdad intentas ir de victima? Mírate –le señalo- no te bastó con joder dos años de mi vida, sino que por tu estúpido orgullo ahora pretendes seguir fastidiándome.
-Si, mi orgullo… ¿y qué?
-¿Y qué? –río- que pretendes engañar a la gente haciéndoles creer que siempre consigues lo que quieres y así solo demuestras ser un inmaduro.
-No te pases –escupe.
-No, que va… no me paso nada –le miro de reojo- me estoy portando muy bien.

Él vuelve a mirarme y tras intensas y largas respiraciones decide ponerse en pie.

-Vamos a tomar algo, quiero que nos vean juntos.
-Por supuesto –sonrío irónica.

Me levanto y sacudo mis pantalones. Miro al cielo buscando la calma divina y miro a mi alrededor en busca de algo que me de fuerzas. Comenzamos a andar por el pequeño paseo en busca de alguna heladería y Scott se acerca más a mí a la misma vez que me alejo instintivamente. Observo detenidamente a las personas que pasean por el parque para no tener que  fijar la vista en Scott. A mi derecha hay un grupo de chicos skaters con pantalones anchos y rodilleras sobre una rampa. Seguimos andando y frente a nosotros un grupo de perros rebuscan en una de las papeleras repletas por las sobras de los bocadillos de niños que antes merendaron ahí y ahora juegan en los columpios. A mi izquierda comienzo a pasar la mirada despreocupada. Un banco con dos ancianos, una chica paseando a su mascota, un hombre aparcando una moto, una mujer sentada en un banco dándole de comer a su hijo, Justin, dos gatos peleándose por un trozo de pan, espera un momento… ¿Qué? ¿Justin? No, no puede ser.

Me paro en seco y me giro bruscamente hacia el chico con gorra y gafas de sol que permanece apoyado entre dos árboles. Está inmóvil y me mira. Es imposible que sea el… ¿no? Justin no puede estar ahí, no puede haber venido solamente para…

-¿Qué pasa? ¿Por qué te paras? –me llama Scott.

De repente me encuentro mal.

-¿Qué… -me giro para mirarlo- ¿Qué pasa?
-¿Por qué te has parado? ¿Qué mirabas?
-¿Yo? Nada, solamente… -vuelvo a girarme en busca de ese chico, el cual ha desaparecido- mierda.

Nerviosa paso la mirada por toda la calle, miro entre los árboles pero no hay nadie. La gente no se inmuta, sigue igual que hace unos instantes. Todo está exactamente igual… excepto que la sombra entre esos jodidos árboles ha desaparecido.

-Te has puesto pálida, ¿vas a decirme que pasa? –insiste Scott a mi lado.
-No es nada –me vuelvo hacia él y comienzo a andar de nuevo mirando al suelo resignada- simplemente me pareció ver a alguien.
-Eres rara –bufa- y ambos seguimos nuestro camino.



Tras conseguir un helado Scott cambia de dirección y se mete hacia uno de los parques más pequeños del paseo. Yo le sigo sin entender a donde vamos y entonces, sin avisar, me coge la mano y la aprieta contra el.

-¿Qué mierda haces? –intento zafarme de su agarre, pero no me suelta.
-Mi turno –dice sonriendo- ahora cállate y haz lo que te diga.

Sin saber por qué ni como de repente me veo frente a un grupo de personas que nos esperan impacientes. Todos nos miran, primero a Scott, después a mi, y por último a nuestras sudorosas y tensas manos entrelazadas. Esto es repulsivo.

-Eh Scott –dice uno de ellos levantándose para saludarlo- veo que has conseguido lo que te proponías –me hecha una rápida y sucia mirada de arriba abajo.
-Ya sabes que siempre consigo lo que quiero –vacila el acercándome más.

Mierda, esto es demasiado ¿de qué va? Permanezco en silencio intentando que todo acabe lo más rápido posible.

-¿Y cómo has conseguido que vuelva contigo, semental? –ríe una chica desde el otro extremo del banco.
-Ya sabes Paula… mis encantos –sonríe con aires de grandeza.
-Tus encantos de orco atropellado –susurro para mis adentros.

Todos me miran a pesar de que nadie me ha escuchado, y de repente me siento expuesta ante toda esa gente. Me siento como un trofeo, un trofeo ganado suciamente y no merecido.

-Parece que te las buscas buenas, podríamos compartirla algún día –escucho a otro de sus desagradables amigos.

Necesito matarlos a todos.

-Lo mejor –me mira Scott de reojo- siempre.

De repente noto su mano dejar mi brazo y posarse en mi cadera, demasiado cerca de mi trasero. Su mirada se vuelve más intensa y se vuelve hacia mí rápidamente. De repente veo lo que se propone y antes de que sus labios estén lo bastante cerca de los míos la mano en la que sujeto mi helado sube como un espasmo accidentalmente topándose contra su cara y manchándolo de chocolate torpemente. Todos comienzan a reír y yo me separo. Le miro ferozmente intentando que esto sea un aviso bastante claro de que hay límites.

-Oh, lo siento –digo en tono de disculpa- fue un accidente.

Las risas siguen oyéndose desde el banco frente a nosotros y Scott saca un pañuelo del bolsillo trasero de sus pantalones para pasárselo por la cara. Me lanza una mirada furiosa y lo tira al suelo tras usarlo.

-Nos tenemos que ir, ha sido un placer –dice serio- nos volveremos a ver pronto.

Débilmente se despiden. Agarra mi brazo con tanta fuerza que noto sus dedos clavarse dentro de mis huesos, y rápidamente me arrastra fuera del parque.
Comenzamos a andar sin que ninguno diga nada, y así pasan cinco minutos hasta que finalmente entramos en un jardín en el que no hay nadie. Al saltar la pequeña valla puedo leer “acceso restringido, no pasar”. Mierda ¿A dónde vamos?
Seguimos andando hasta meternos más adentro, donde el ruido de los niños en el parque se convierte en susurros casi insonoros. La luz se hace más espesa al entrar entre los árboles, y solo entonces suelta mi brazo bruscamente.

-Siéntate –me ordena señalando el tronco caído de un árbol.
-No.
-¡Siéntate! –grita.

Dios, esto no va a ser bueno. Le hago caso y tomo asiento.

-No sé quién diablos crees que eres para dejarme en ridículo delante de mis amigos, pero te aseguro que vas a pagar caro lo que has hecho.
-No he hecho nada –susurro.

Scott me mira, y en ese momento me doy cuenta de algo. Algo en lo que no había caído hasta ahora. Sus ojos fríos como el hielo. Duros e inexpresivos clavándose en los míos con odio. Conozco esa mirada… la he visto antes… antes… aquella noche.

-Scott…
-Cállate puta –me escupe- creo que me has sobrevalorado de nuevo. Creo que estás confusa o por alguna razón crees que eres capaz de decidir lo que quieres hacer ¿no es eso? –vuelve sus ojos aún más intensos hacia mi- creo que te has equivocado de lleno.
-¡Para ya! –me levanto.
-¡No! –vuelve a coger mi brazo con fuerza y esta vez me empuja, tirándome al suelo sobre un montón de arena y piedras duras- voy a enseñarte quien manda.

¿Qué? No, mierda… ¿Qué pretende? No, por favor…

Se echa sobre mi y de repente me encuentro atrapada entre su cuerpo y el suelo, haciendo presión contra mí y sin dejar que me mueva. Instintivamente me retuerzo bajo él y siento pinchazos dolorosos en el costado. Intento golpearle pero una de sus manos agarra rápidamente mis muñecas poniéndolas sobre mi cabeza.

-¡Para! ¡Déjame! –Grito con todas mis fuerzas- ¡Maldito hijo de puta!

Su otra mano se desplaza hasta mi boca haciendo presión y ahogando mis palabras. Joder, esto no es nada bueno.

-Ahora vas a aprender quien tiene el control perra, si yo digo que andes, andas –sonríe malicioso- si yo digo que te sientes… te sientas –su voz tiembla al acercar su boca hacia mi cuello. Comienza a dar pequeños besos desde mi hombro hasta mi oído- Si yo digo que comas… comes –el sonido entrecortado de sus susurros y mi respiración agitada y nerviosa es lo único que puede escucharse en ese jodido bosque, estamos solos- si yo quiero besarte… te beso –su aliento choca contra mi cara y tras liberar mi boca de su mano y ponerla sobre uno de mis pechos reemplaza el hueco que esta ocupaba por sus labios, poniéndolos sobre los míos tan bruscamente que es un golpe lo que recibo contra mi boca.

Scott comienza a moverse sobre mí haciendo que mi cuerpo se clave aún más contra el suelo. El dolor se hace sordo con el peso de su cuerpo y siento que no puedo gritar. Sus labios fuertemente contra los míos me hacen perder el aire. No puedo respirar. No puedo gritar. Solo puedo… llorar.

-Y ahora jodida bastarda, voy a follarte para que aprendas a ser una buena chica.

Tras esta última frase el pánico cunde sobre mí y comprendo que ha llegado demasiado lejos. Sé que estoy jodida. En medio de la nada y con un violador deseando venganza por una humillación pública. Y sé que lo hará, claro que va a hacerlo… a él nunca le ha importado hacerme daño. 

Continuará...
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Gracias una vez más, si leísteis el capítulo por favor dad RT aquí.


domingo, 24 de marzo de 2013

•"Tan solo una salida" {Capítulo 20}.


 Miro a la chica, quien me devuelve unos ojos fríos e inexpresivos sin separarse de él.

-Sweden… -murmuro.
-Lo siento Justin –dice seca- pero creo que no serías capaz de darme lo que Scott me ofrece.
-¿Qué? –una punzada en el corazón.
-No me malinterpretes, eres buen chico… pero creo que no lo bastante hombre como para hacerme feliz –ella hace una mueca de burla y después se gira para besarle.

Y ahí estoy yo, viendo como la chica a la que amo me abandona por el que la hizo sufrir. No lo entiendo. Esto no puede ser real.

De repente los dos se separan y Scott se acerca hacia mí serio.

-Pobre Justin… tan ocupado con sus conciertos que no supo ver que su chica se alejaba de el –ríe- a tantos kilómetros de su cuerpo que no pudo darse cuenta de que otro la poseía –una carcajada hace que mi corazón se parta en dos.

Miro a Sweden de nuevo esperando que ella me diga que es una broma, pero en su lugar esta se acerca a mí y me da una bofetada.

-Me dejaste escapar y ahora has perdido lo que más querías –sonríe- no vales para nada.

Me llevo las manos a la cara para evitar que mis lágrimas corran pero ya casi no puedo ver nada. Scott se para frente a mí y nuestras miradas se cruzan. Deseo intensamente matarlo.

-Ah, por cierto… una última cosa –se frota la barbilla.

Le miro esperando otra bofetada.

-Levántate, llegaremos tarde al ensayo y Dan se enfadará –sonríe.

Le miro sin comprender lo que acaba de decir y entonces noto algo raro.
Su voz a cambiado. 
Es algo familiar pero no logro saber el que. 
¿y Dan? 
¿Qué quiere decir con que Dan se enfadara?
¿A dónde llegaré tarde?
No lo entiendo.

-¿Qué?
-Eh Justin –dice ahora Sweden- vístete y coge tu guitarra.

La misma voz.

-¿Mi… guitarra?

Entonces los dos vuelven a besarse delante de mí y todo se vuelve negro.
Abro los ojos desesperado y observo que me encuentro en mi habitación, sobre mi cama. Llevo las manos sobre mi frente y al frotarlas se empapan de sudor. Al girarme  hacia la puerta veo a Scooter mirarme fijamente.

-Justin levanta, vas a llegar tarde –otra vez la voz.

Era todo una pesadilla.
Suspiro.

-¿Qué?
-El ensayo con Dan para el concierto es dentro de diez minutos. Date prisa –y desaparece tras la puerta.

Siento una intensa angustia y ganas de vomitar. Estoy sudando pero tengo mucho frío. Me siento desorientado y sin saber muy bien que hacer.

-V-vale… -susurro, aunque ya no hay nadie en la habitación.

Me levanto temblando de la cama y me dirijo al cuarto de baño. Abro el grifo de la ducha y me meto sin pensarlo. El agua cae fría pero no me importa. Me meto bajo el chorro y cierro los ojos frotándome la cabeza fuertemente con las manos. ¿Qué mierda fue eso? ¿Una pesadilla? Joder.


La mañana pasa lenta entre los ensayos y las entrevistas, y cuando vuelvo a casa y tengo un hueco cojo sin pensar el móvil y marco su número. 
Pocos toques después descuelga el teléfono.

-Hey Justin –su voz es chillona y dulce.
-Hola cariño, ¿Qué tal? –suspiro al ver que todo sigue igual que siempre.
-Bien, acabo de despertarme ¿y tu?
-Pasé la mañana en los ensayos.
-¿Y que tal dormiste hoy? –pregunta inocente.

De repente la pesadilla vuelve a mi cabeza y me hace estremecer. Un escalofrío me recorre de los pies a la cabeza y mis manos tiemblan.

-B-bi…bien.
-Justin ¿Qué ocurre?
-Nada –aseguro- solo que… tuve una pesadilla.
-¿Quieres hablar de ello? –su voz suena reconfortante, se que intenta calmarme.
-Soñé que te perdía –susurro.
-Eso jamás pasará.
-Estábamos en aquel parque en el que nos dimos nuestro primer beso y Scott aparecía de repente y… tú te ibas con el.
-¿Enserio? –la noto bufar al otro lado del teléfono.
-Me diste una bofetada –río intentando calmarme.
-Oh ¿de verdad? –ella ríe también- supongo que eso es la prueba de que fue una pesadilla y no es real, porque sabes que jamás lo haría.
-Lo sé –sonrío ahora mejor. Ella sabe cómo hacerme sentir bien.

Tras unos minutos Dan entra a buscarme para volver a secuestrarme, así que me despido de Sweden y prometo que la llamaré por la noche. No puedo dormir si no hablo antes con ella para asegurarme de que sigue ahí.



Por la tarde doy mi concierto y la verdad es que me siento animado así que añado unas cuantas canciones en acústico en compañía de mi guitarrista, que hacen gritar a mis fans y todos cantamos juntos. Me encanta el apoyo que me dan siempre. Es impresionante.

Ya es de noche cuando acabo y llamo a Sweden, allí es de madrugada pero se que siempre lo coge, y así lo hace. Pasamos un rato hablando y después me quedo durmiendo. Esa noche las pesadillas vuelven, pero esta vez Scott se aleja un poco más. Es como si mi cabeza quisiera echarlo. Nadie le quiere aquí.
El móvil me despierta por la mañana. Es un mensaje.

“La tercera cita ya está fijada. Jueves a las cinco. Esta es la clave para desarrollar todo el plan, deséame suerte. Te quiero”.

Mierda. Hoy es martes. Dos días para el comienzo del fin de la historia. No sé por qué algo me dice que ese gusano no se dará por satisfecho. No. No va a acabar con todo esto así como así. Tengo que hacer algo. Llevo demasiado tiempo apartándome a un lado y dejando que Sweden cargue sola con todo esto cuando los dos estamos metidos hasta el cuello. Estoy harto de tener que esconderme y quedarme sin hacer nada mientras veo que ese cabrón jode de nuevo a la chica que quiero. Estoy cansado de no poder ir y abrazarla. Siento impotencia, y a la vez pánico y miedo. No puedo más con todo esto. Ahora o nunca. Justin, sé un hombre y no dejes que la pierdas. Vale demasiado como para dejarla escapar, jamás encontrarás a nadie como ella y lo sabes. Estás jugando con fuego. ¿Qué más da esa maldita foto? ¿Qué más da ese imbécil? Dios, que ciego he estado.



##
Hablé con Scooter y todo el demás equipo y pospuse todas mis entrevistas y reuniones hasta la semana próxima, arreglé mi maleta y saqué un billete de avión para el vuelo más próximo a España. Ahora me encuentro en la fila 5, asiento 12B junto a la ventana, de camino a acabar con toda esta historia y enfrentarme a los problemas cara a cara. Sweden no sabe qué voy de camino. No le he dicho nada porque sé que se hubiera negado rotundamente, puesto que decidí que fuera una sorpresa.

Aterrizo en el aeropuerto a las cuatro y media y cojo el taxi lo más rápido que puedo para poner rumbo a su casa. Estoy deseando verla. Veinte minutos más tarde me encuentro en la puerta de su casa.

Cojo aire, inspiro profundamente y me preparo para volver a verla.

Toco el timbre. Abren la puerta.

Su madre.

-H-hola señora Hamilton –intento sonreír a pesar de mi decepción.
-¡Oh Justin, querido! –ella sonríe ampliamente- Al fin el príncipe azul llega para rescatar a la chica en apuros. Ya empezaba a pensar que en esta historia el malo era el protagonista –sonríe.

Guardo silencio un momento sin comprender muy bien a lo que se refiere.

-Eh… esto… -intento aclarar mis ideas- ¿está Sweden?

Cruzo los dedos para que diga que si.

-Lo siento… ya se fue.

Demasiado tarde.

-Mierda –suspiro- ¿y no sabe donde puede estar?

La señora agarra mi mochila y yo se la entrego.

-Está en el parque junto a la fuente de piedra –sonríe ampliamente- corre hijo, todavía estas a tiempo.

Me da la impresión de que esta mujer sabe más de todo esto que yo mismo, pero la obedezco y tras sacar el móvil de mí mochila se la entrego y comienzo a correr hacia el parque.

-¡Mucha suerte! –grita mientras me alejo.

Recorro todas las calles de ese pequeño pueblo camuflado lo mejor que puedo con gafas de sol, gorro y capucha, pero a pesar de ello la gente se me queda mirando. Aunque puede que sea por el hecho de ver a un chico correr como si ardiera en llamas y con los pantalones casi por las rodillas. Debería haberme puesto el cinturón que Sweden me regaló.

Salgo a otra pequeña calle más grande y miro hacia el final de ella. Veo una plaza con una gran fuente de piedra en el centro, y detrás un parque. Te tengo. Estoy aquí Sweden. Vine por ti. Sigo corriendo hasta salir al fondo y comienzo a ver gente paseando por aquella plaza. Busca Justin, busca. Nada. No la veo. Sigo avanzando y recorro con la mirada cada centímetro. 
De repente veo algo.
Te tengo.
Un banco. 
Dos personas. 
Ahí estas.
Oh dios, Sweden está preciosa. 
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RT aquí si leíste el capítulo. Gracias.

sábado, 26 de enero de 2013

•"Tan solo una salida" {Capítulo 19}.


El resto de la cita es bastante repulsiva y desesperante, pero intento concentrarme en imaginar que no es el con quien estoy, y cuando eso no funciona comienzo a repasar los detalles sobre el plan “efecto orco”. Scott me lleva a tomar un helado y después caminamos por el parque a la vista de todos. La gente me mira impresionada e intrigada al mismo tiempo. Puedo leer en sus ojos lo que están pensando. Incluso llego a escuchar algunos murmullos claros. “¿Por qué está otra vez con él?”,“Esa chica es tonta, no aprende”, “Oh dios, Sweden y Scott juntos”.  Pasan las horas y Scott decide ir a comer a un McDonals. Un plan con el mismo romanticismo que él, cero. Después damos un par de vueltas más por la plaza para que todos se aseguren de ver el gran espectáculo, mientras yo tengo que aguantar que esa babosa repugnante me sujete la mano.

-Sonríe, nos están mirando –se burla Scott.
-Te escupiría en la cara –bufo.
-Cuatro… diez…

Y pongo la más falsa de mis sonrisas vista nunca.


Al llegar a casa Scott intenta acercarse pero decido que eso es llegar demasiado lejos. Puede que aguante que me toque con su sudorosa y asquerosa mano, pero jamás llegará más lejos que eso.

-Eh –me separo- nada de contacto físico, gusano.

Parece que va a decir algo, pero en su lugar se limita a mirarme en silencio unos segundos, y después se aleja murmurando un “nos volveremos a ver pronto”.


Entro en casa y me encuentro a mi madre en la cocina haciendo uno de sus famosos bizcochos.

-¿Qué tal te fue con el malvado villano? –pregunta de espaldas a mi.
-Bien… -digo, intentando ocultar el sarcasmo de mi voz- supongo.

Ella sabe más de lo que parece, y eso me inquieta.

-Dale recuerdos al príncipe de mi parte.

Subo a mi habitación sin decir nada más y me tiro sobre la cama intentando repasar lo ocurrido en las últimas horas. “Plan efecto orco” repito para mis adentros, y comienzo a pensar en cómo llevarlo a cabo para lograr que desaparezca el susodicho. Por la tarde mientras leo uno de los nuevos libros que encontré en la nueva sección de la librería, mi teléfono suena y doy un salto sobre mi misma asustada por el volumen del móvil. Creía que lo tenía en vibración. Miro la pantalla. “Justin”. Sonrío y en menos de tres toques descuelgo y lo llevo sobre mi oreja.

-Hola pequeña –dice una voz tierna al otro lado.
-Hola Justin –susurro dejándome caer de nuevo sobre la cama, con una sonrisa tonta que nace de algún lugar.
-¿Qué tal te fue hoy? –se que sonríe.
-Interesante… -hago una mueca.
-Cuéntame.
-Tuve… -guardo silencio un instante- una cita con… -se que a Justin no le va a gustar esto-  Scott.

Silencio al otro lado. La tensión comienza a notarse.

-¿Justin? –le llamo.
-Estoy aquí –responde ahora más seco, después de unos segundos.
-Bueno… -busco rápidamente algo que decir que logre descargar la tensión creada en un momento.

Más silencio.

-Tú fuiste quien me hizo prometer que te contaría todo lo que ocurriera con él.
-Y sigo queriendo que lo hagas –su voz vuelve a sonar rápidamente.
-Pues entonces no reacciones… así –suspiro.
-No esperes que me parezca bien que ese imbécil pueda estar cerca de ti y yo esté a miles de jodidos kilómetros sin poder hacer nada al respecto. Estoy harto. Esto me supera.
-Justin…
-Lo siento –baja su tono- se que no es culpa tuya, pero… compréndeme.
-Lo hago.
-Estoy tan frustrado Sweden…  necesito ir a verte pero tú no me dejas. ¿Cómo crees que me siento? –el dolor se nota en su voz ahora.
-Sabes que eso no es así –el pecho comienza a dolerme.
-Pero… quiero ir.
-Te conozco y sé que si vienes no podrás estarte quieto y todo lo que estoy haciendo se acabará yendo a… –suspiro- he avanzado mucho y el plan está en marcha.

Justin guarda silencio resignado, respira e inspira unas cuantas veces intentando recomponerse y después vuelve a intervenir.

-Y bien… cuéntame que te dijo.
-Quiere cuatro citas –respiro lentamente- quiere que salgamos para que todo el mundo vea que Scott Perks siempre gana y después dirá a todos que me ha dejado porque se aburrió de mi, y entonces conseguirá lo que quiere.
-Maldito bastardo hijo de puta –su voz suena dura, su mandíbula está muy tensa.
-Después de eso me dará la foto y todo se habrá acabado. Para siempre.
-Juro que voy a matarlo –Justin está alterado.
-Eh… recuerda que tenemos un plan –sonrío ahora- juré que iba a hacerle pagar todo lo que me hizo y sigo manteniéndolo.
-¿Qué quieres hacer?
-Cuando consiga la foto voy a destrozar de tal manera su orgullo que meterá la cabeza en su culo y desaparecerá durante mucho, mucho tiempo. Se va a arrepentir de haber jugado conmigo. Te lo aseguro.
-Hmmm –suelta un gemido divertido- me gusta cuando te pones de chica mala –ríe.
-Tonto –río con él.

Tras unas bromas Justin vuelve a ponerse serio.

-¿Y que hicisteis en la… cita?
-Paseamos, comimos en un McDonals y… me trajo a casa.
-¿Y?
-Y nada más.
-¿Y…
-Sé lo que intentas saber, y no… no me besó y tampoco hubo ningún contacto.

El suspira al otro lado.

-Solo cogió mi mano en la calle… -hago una mueca.

Silencio.

-No sabe donde se está metiendo –asegura.
-Justin, tranquilo. No voy a dejar que me ponga una mano encima.
-No, no lo harás –gruñe- porque si me entero de que te toca o se acerca a ti a menos de dos metros voy a cortarle las pelotas y me haré un collar.
-Justin…
-Sweden, no sé qué le pasa a ese bastardo por la cabeza, pero para mí no es un juego, y créeme –hace una pausa- estoy luchando jodidamente duro para intentar mantener la calma y no coger un avión para darle una patada. Eres mía Sweden -suspira- no quiero que nadie más te toque.

La sangre se drena de mi cara ante su revelación y siento que las manos comienzan a temblarme. “Eres mía”. Oh dios mío. Esto es de verdad.

-Te quiero, Justin.

Oigo un suspiro al otro lado.

-Yo también te quiero, pequeña –y ahora sé que sonríe.


Tras unas horas intensas de conversación Justin se vuelve a cenar y yo decido acostarme ya que es bastante tarde. Deduzco que los siguientes días Scott me dejará tranquila, ya que el plan es que todos se enteren de que estamos juntos y para ellos los rumores deben correr con seguridad, por lo que pasarán unos días hasta que vuelva a querer hacerse ver para asegurarse de que todos siguen expandiendo la noticia. Cierro los ojos evadiéndome de pensar en él y mis sueños me llevan de nuevo al lado del chico que realmente quiere estar a mi lado. El que lucha día a día para conseguir que todo funcione y el que de verdad daría lo que fuera por estar cerca de mí.



{#Justin}
Con los ojos cerrados y tirado sobre el césped noto el viento rozar mi pelo y el sol calentar mi cara. Sumido en mis pensamientos deseo que ella este a mi lado al abrirlos, y aunque creo estar solo, como por arte de magia una piel suave acaricia mi cara tiernamente. Abro los ojos y lo primero que veo es una sonrisa que me ciega. Miro un poco más arriba y me topo con sus ojos que me miran intensamente. Unos ojos color verde intenso. Una mirada penetrante pero a la vez dulce que me hace querer seguir mirando más allá de ellos y no volver a salir nunca. Una mirada que me hace perderme, sumido en ella. Sus ojos se cierran y se acerca a mí para darme un beso. Aunque todavía no he reconocido a la persona, sin saber porque ni como me dejo llevar y mis labios esperan los suyos con deseo. Unos instantes después nuestras bocas se juntan y mis labios se funden con los suyos en un beso lento y apasionado. Poco después su lengua se abre paso en mi boca buscando su compañera y juntas, juegan disfrutando del momento. Mantengo mis ojos cerrados e intento esforzarme en reconocer a la dueña de esos labios carnosos que se han adueñado de mi. De repente muerde la parte inferior del mío y un gemido ahogado sale de mi boca. Una risa la delata y entonces se que solo puede ser ella. Sweden está aquí. La chica se aleja unos centímetros dejándome ver su cara y entonces confirmo que la persona que me ha robado ese intenso beso es la misma que robó mi corazón hace mucho tiempo.

-Justin –susurra sentándose a mi lado y posando una de sus manos sobre mi pierna mientras con la otra acaricia mi mejilla- te eché de menos.
-Yo también a ti –respondo perdiéndome de nuevo en su mirada- no sabes cuánto pequeña.

Extiendo mi mano y comienzo a jugar con un mechón del pelo castaño que cae sobre su cara. Sweden vuelve a sonreír y se acerca de nuevo dándome un beso en la cara. Ambos nos miramos después de eso y el deseo comienza a crecer dentro de mí. Ella se levanta para sentarse después sobre mis piernas y con sus brazos rodea mi espalda. Yo paso mis manos por sus caderas hasta llegar al final y la estrecho más contra mi pecho. Ambos sonreímos y comienzo a sentirme excitado, pero cuando nuestros labios están a punto de reencontrarse una voz la hace alejarse de mí.

De repente miro mis manos caer sobre mis piernas y veo que ya no está conmigo. La voz vuelve a llamarme y escucho una risa, esta vez amarga, que me hace mirar hacia arriba.

 Lo que me encuentro me deja helado.

Scott abraza por detrás a Sweden y esta le corresponde entrelazando sus dedos. Ambos sonríen a la vez que me miran. Yo no puedo creer lo que está pasando. Intento levantarme para correr hacia ella pero las piernas no me responden.
-Oh, creo que te quedaste solo –Scott sonríe de nuevo.

 Miro a la chica, quien me devuelve unos ojos fríos e inexpresivos sin separarse de él.

-Sweden… -murmuro.
-Lo siento Justin –dice seca- pero creo que no serías capaz de darme lo que Scott me ofrece.
-¿Qué? –una punzada en el corazón.
-No me malinterpretes, eres buen chico… pero creo que no lo bastante hombre como para hacerme feliz –ella hace una mueca de burla y después se gira para besarle.

Y ahí estoy yo, viendo como la chica a la que amo me abandona por el que la hizo sufrir. No lo entiendo. Esto no puede ser real.

De repente los dos se separan y Scott se acerca hacia mí serio.

-Pobre Justin… tan ocupado con sus conciertos que no supo ver que su chica se alejaba de el –ríe- a tantos kilómetros de su cuerpo que no pudo darse cuenta de que otro la poseía –una carcajada hace que mi corazón se parta en dos.

Miro a Sweden de nuevo esperando que ella me diga que es una broma, pero en su lugar esta se acerca a mí y me da una bofetada.

-Me dejaste escapar y ahora has perdido lo que más querías –sonríe- no vales para nada.

Me llevo las manos a la cara para evitar que mis lágrimas corran pero ya casi no puedo ver nada. Scott se para frente a mí y nuestras miradas se cruzan. Deseo intensamente matarlo.

-Ah, por cierto… una última cosa –se frota la barbilla.

Le miro esperando otro golpe.

-Levántate, llegaremos tarde al ensayo y Dan se enfadará –sonríe.

Le miro sin comprender lo que acaba de decir y entonces noto algo raro. Su voz a cambiado. Es algo familiar pero no logro saber el que. ¿y Dan? ¿Qué quiere decir con que Dan se enfadara? ¿A dónde llegaré tarde? No lo entiendo.

-¿Qué?
-Eh Justin –dice ahora Sweden- vístete y coge tu guitarra.

La misma voz.

-¿Mi… guitarra?

Entonces los dos vuelven a besarse delante de mí y todo se vuelve negro.
Abro los ojos desesperado y observo que me encuentro en mi habitación, sobre mi cama. Llevo las manos sobre mi frente y al frotarlas se empapan de sudor. Al girarme  hacia la puerta veo a Scooter mirarme fijamente.

-Justin levanta, vas a llegar tarde –otra vez la voz.

Era todo una pesadilla. 
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Espero que os haya gustado, dad RT aquí si leísteis el capítulo. Gracias.

miércoles, 2 de enero de 2013

•"Tan solo una salida" {Capítulo 18}.


-Te quiero, princesa -susurra Justin al otro lado del teléfono.

Y así, ambos volvemos a cobrar vida. Noto como la voz de Justin se vuelve dulce y ahora sé que estoy preparada para afrontarme a esto. Y que el también lo está. Hablamos. Le cuento todo lo que ha pasado desde la última vez y lo mucho que le extraño. Le digo que mientras ambos sigamos llevando esos collares nadie va a separarnos. Que le quiero como no quise a nadie en mi vida y que no voy a dejar que nos separen. Solo nosotros decidimos nuestro destino, y el mío es estar junto a él.

-Supongo que no me harás caso si te digo que no hagas esto –reprocha- si te pido que dejes a Scott y no te acerques a él.
-No, no lo haré.
-¿Y si te lo suplico? –Su voz se vuelve tierna- no es la mejor solución.
-Es la única solución ahora.
-Esa foto me da igual Sweden –ahora se pone serio- lo digo enserio, no me importa que la gente se entere de que tengo a la persona más increíble a mi lado.
-Esto no es solo por esa foto Justin, lo sabes.
-Si –asiente al otro lado- lo sé.
-Voy a devolverle todas y cada una de las putadas que me ha hecho.

Y el silencio vuelve a inundarlo todo.

-No dejes que te enamore –me pide.
-No pienso hacerlo.

Acordamos que pronto acabaremos con todo esto y podremos volver a abrazarnos. Como aquel día. Como nuestro primer día.


Esa noche tengo un sueño. Un sueño que por primera vez en mucho tiempo hace que sienta mariposas en el estomago. Mis pesadillas se hunden en lo más profundo para dejar a la luz uno de los mejores sueños de mi vida. Y Justin está en el.


##
Habían pasado ya seis días desde la cita con Scott, y desde entonces no había vuelto a saber nada de él. Puede que se lo hubiera pensado mejor y hubiera decidido que toda esta historia es una tontería. O puede que mi conversación con él le hubiera abierto los ojos y por fin comprendiera que jamás volvería con él. Por nada del mundo. En la vida.

Desde nuestra llamada de reconciliación, Justin prometió que muchas cosas iban a cambiar, y comenzó a llamarme cada día. Al levantarme veía un mensaje de texto deseándome buenos días y cada vez que tenía un hueco me llamaba para asegurarse de que todo seguía bien. En una de nuestras conversaciones a altas horas de la madrugada, como solíamos hacer en aquellos tiempos en los que todo era fácil, comenzamos a buscar soluciones en cuanto al tema de Scott e ideamos un plan de venganza al que Justin llamó “efecto orco”. El plan aún no estaba del todo acabado, pues yo estaba esperando la llamada de Scott para una segunda cita en la que supuestamente aclararíamos las condiciones y funcionamiento de esta historia de locos absurda. Prometí a Justin que le mantendría informado, y así fue.


Esa mañana me levanto con un mal presentimiento. Miro el reloj y veo que las agujas no marcan más de las cinco. Me he desvelado. Un escalofrío recorre mi cuerpo y doy por seguro de que hoy será un día difícil. Me levanto de la cama como puedo y me envuelvo en una manta. Bajo al salón y me sorprende ver que mi madre está viendo la televisión en el sofá.

-Buenos días –murmura tirada boca arriba.
-Todavía no es de día –contesto.
-¿Qué hora es?
-Las cinco.
-¿Y qué haces despierta? –gira la cabeza en mi busca.
-Bueno… -me acerco al sofá y me dejo caer a su lado- últimamente no duermo demasiado bien.
-¿Y eso es debido a…
-Nada en particular –miento.
-Vamos Sweden –sonríe irónicamente- soy tu madre. Recuerda que estamos conectadas por algo extraño que me activa el instinto.

Ella se incorpora para poder hablar mejor y yo la miro durante un instante preguntándome si debería o no contarle toda la historia. Supongo que no es necesario dar muchos detalles, así que accedo.

-Problemas con los chicos –suspiro.

Mi madre me mira fijamente.

-¿Justin?
-Bueno…
-Creía que Justin era un buen chico, parece muy simpático –mira la televisión sin ver demasiado- además parecía que estaba loquito por ti.
-No mamá –sonrío- no es Justin el problema. El es… -cojo aire y lo expulso detenidamente- él es muy bueno conmigo.
-¿Entonces?

Mi mirada se fija en el suelo mientras intento buscar las palabras adecuadas que cuenten mi historia sin decir nada en realidad.

-¿Ves esas películas en las que la protagonista se enamora de un chico que cree su príncipe azul, con el cual todo es perfecto… hasta que aparece el malo de la película con su caballo negro y su espada envenenada?
-¿Ajam? –mi madre parece interesada en lo que le digo, que en realidad es la historia de mi vida.
-Pues bien, la chica y su príncipe azul creen que todo es tan fácil como amarse, y que el amor todo lo puede. Ellos creen que mientras estén juntos nada más puede entrometerse entre ellos. Pero lo que el príncipe no sabe es que hay un hombre malvado que antes le hizo daño a la chica, y que como no consiguió lo que quería volvió para estropear su historia de amor.
-¿Y que busca exactamente el chico malo?
-Busca separarlos y llevarse presa a la chica para impedir que sea feliz.
-¿Y no hay un hada madrina en la historia que pueda ayudarla? –pregunta.
-No… en esta historia solo hay tres personajes.
-Pero recuerda que el bien siempre triunfa en las películas, y a pesar de que hayan obstáculos el príncipe siempre consigue a la princesa y el malo acaba desapareciendo. El destino está en manos de la chica.
-No es tan fácil cuando el protagonista es el malo –suspiro.
-Cariño… -mi madre me acaricia la cara con su mano dulcemente- creo que el problema de esta película es que la chica no sabe aún lo importante que es ella en esa historia –sonríe- creo que ella tiene la clave para que todo salga como espera, pero aún no ha descubierto como conseguir tomar los mandos de ese cuento.

Miro fijamente los ojos vivos de mi madre y me doy cuenta de que ha entendido mucho más de lo que me hubiera gustado.  Me sonríe tiernamente y después me da un beso en la mejilla.

-Recuerda que el bien vence siempre al mal.

Ella se levanta y, así, sin más… se dirige dando pequeños saltitos hacia la cocina en busca de una taza de chocolate muy caliente. Vuelve con dos, y uno de ellos me lo entrega. Pasa el tiempo mientras miramos entretenidas la televisión y cuando quiero darme cuenta ya son las diez.

Subo a mi habitación y me meto a la ducha. Mientras me visto mi móvil suena y me acerco para leer el mensaje que hay en mi pantalla.

“Segunda cita. A las doce en el parque frente al arroyo. No llegues tarde”.

Y ha llegado el día. Mis ilusiones se pierden. Scott sigue vivo, no ha muerto repentinamente como yo esperaba, y tampoco se ha pensado mejor toda esta locura. Sigue empeñado en jugar a un juego que no tiene un final coherente. No sé cómo va a acabar esto y tampoco sé que pretende en realidad.



Cinco minutos antes de la hora prevista me encuentro sentada en un banco al fondo del paseo, con los cascos puestos y la música a tope. Cierro los ojos mientras el sol me da en la cara y calienta mis parpados, aprieto fuerte los puños deseando despertar al lado de Justin y que todo esto haya sido solo una pesadilla.

Alguien toca mi hombro y estoy tan sumida en mis pensamientos que creo que es él quien estará junto a mí, pero al mirar a esa persona a la cara la sonrisa se borra de mi rostro y vuelvo a fijar la vista en la pantalla de mi móvil.

-Hola –Scott se sienta a mi lado.

Le miro en silencio y apago la música.

-¿Qué tal estas hoy? –pregunta cauto, sin acercarse demasiado a mí.
-Estaba bien –respondo seca- pero ahora tengo unas tremendas ganas de vomitar.
-Veo que no has hecho caso a lo que te dije el otro día –sonríe amargo.
-¿En cuanto a lo de ser simpática contigo? –río- déjame pensar… hmmm… no.
-Peor para ti.
-Seguro que no puede haber nada mucho peor que estar aquí en compañía de ti  –sonrío irónica.

Scott me mira receloso unos segundos y después se recuesta sobre el respaldo del banco cruzando los brazos sobre su pecho, se acerca un poco más a mí y mira al cielo pensativo.

-Está bien, esto es lo que haremos –gira la cabeza hacia mi- tu quieres la foto y yo quiero que seas mía.
-Un trato algo injusto, por cierto –espeto.
-Bien, mirémoslo de otro modo más profundo –se frota la barbilla con las puntas de los dedos- tu quieres una relación con Justin sin obstáculos, quieres ser feliz con el sin que nadie se entrometa –su cara se vuelve divertida ante mi expresión de ira al escuchar que le nombra- yo quiero que todos sepan que Scott consigue lo que quiere. Y lo que quiero es que la gente sepa que vuelves a estar conmigo, después diremos que te dejé porque me aburriste y así todos estaremos contentos.

Mis puños se aprietan bruscamente y los meto en los bolsillos de mi sudadera para evitar estamparlos en su cara.

-Tu retraso mental es bastante importante –escupo.
-El trato –me ignora- es que tendremos cuatro citas, y después de eso yo te daré la foto y tú harás con ella lo que quieras.
-¡¿Cuatro?! –le miro con odio.
-Cuatro, si pones de tu parte y te portas como una buena chica. Si no serán muchas más… y créeme que no me importa estar con esto todo el tiempo que haga falta.
-Tres.
-Estoy siendo demasiado bueno contigo teniendo en cuenta que en la primera cita me insultaste y ahora estas a punto de pegarme –ríe.

Guardo silencio durante unos minutos y después hablo.

-Cuatro citas y después desaparecerás de mi vida para siempre.
-Trato echo –extiende su mano.

La miro y retrocedo instintivamente. No quiero tocarlo ni con un palo.

-Recuerda que cuatro pueden ser diez –sonríe maliciosamente.
-Trato….echo… -le estrecho la mano sin ganas.


El resto de la cita es bastante repulsiva y desesperante, pero intento concentrarme en imaginar que no es el con quien estoy, y cuando eso no funciona comienzo a repasar los detalles sobre el plan “efecto orco”. Scott me lleva a tomar un helado y después caminamos por el parque a la vista de todos. La gente me mira impresionada e intrigada al mismo tiempo. Puedo leer en sus ojos lo que están pensando. Incluso llego a escuchar algunos murmullos claros. “¿Por qué está otra vez con él?”,“Esa chica es tonta, no aprende”, “Oh dios, Sweden y Scott juntos”.  Pasan las horas y Scott decide ir a comer a un McDonals. Un plan con el mismo romanticismo que él, cero. Después damos un par de vueltas más por la plaza para que todos se aseguren de ver el gran espectáculo, mientras yo tengo que aguantar que esa babosa repugnante me sujete la mano.

-Sonríe, nos están mirando –se burla Scott.
-Te escupiría en la cara –bufo.
-Cuatro… diez…

Y pongo la más falsa de mis sonrisas vista nunca.



Al llegar a casa Scott intenta acercarse pero decido que eso es llegar demasiado lejos. Puede que aguante que me toque con su sudorosa y asquerosa mano, pero jamás llegará más lejos que eso.

-Eh –me separo- nada de contacto físico, gusano.

Parece que va a decir algo, pero en su lugar se limita a mirarme en silencio unos segundos, y después se aleja murmurando un “nos volveremos a ver pronto”. 
Y así, supero una nueva página de la historia de mi vida.
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Espero que os haya gustado este capítulo, Dad RT a esto si leísteis. Gracias.