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viernes, 13 de septiembre de 2013

•"Tan solo una salida" {Capítulo 29}.

-¿Estás enfadada? –sonríe.
-No puedo estarlo contigo –suspiro- ya lo sabes.

Y así, sin más, apaga la luz y me arrastra junto a él en la cama. Se acuesta a mi lado y pasa su brazo por encima de mí cogiendo mi mano al otro lado, pega su cuerpo al mío por mi espalda abrazándome, haciéndome sentir segura. A salvo. Aún puedo notar su excitación detrás de mí. Me da un beso dulce y suave y entonces el silencio nos invade. Esta vez un agradable silencio, porque estoy con él, y nada puede salir mal.

-Te quiero –susurra.
-Yo también a ti.

Con su respiración haciéndose más lenta al compás de la mía, ambos nos perdemos en los sueños, que por primera vez en mucho tiempo son eso, sueños, y no pesadillas.



Me despierto dolorida y busco a tientas su mano a un lado y otro de la cama pero todo está frío. De nuevo sola. Abro los ojos alarmada y veo que no hay nadie en la habitación. La luz entra tenue por la ventana por lo que no debe de ser muy tarde, me pongo en pie y corro escaleras abajo en su busca. No puede haberse ido. No…

-Sí, será hoy –murmura una voz desde la cocina, me paro en seco y quedo inmóvil sobre la barandilla- quiero que todo esté preparado para esa hora –parece agitado- me da igual. Iré a recoger la urna. Si. No. Está bien, espero vuestra llamada.

¿Urna?

El silencio se hace durante un momento y el móvil vuelve a sonar.

-Perfecto, que así sea entonces. Tenedlo todo listo.

Escucho el sonido del teléfono caer sobre la mesa y sé que ha acabado. Bajo los últimos escalones y entro en la cocina. Justin levanta la vista y al verme su cara se ilumina dejando atrás todo rastro de preocupación.

-Buenos días pequeña –murmura, y se acerca para abrazarme. Deposita un beso sobre mis labios y después otro más sobre mi mejilla -¿Cómo te encuentras?

-Estoy bien –le digo- ¿con quién hablabas?
-Siéntate –me pide- he hecho café.
-¿Justin? –insisto.
-¿Quieres tostadas?
-No quiero tostadas.
-¿Magdalenas?
-Justin –espeto.
-Está bien –suspira- pero antes desayuna ¿sí?

Me dispongo a exigirle una respuesta pero veo sus ojos cansados. Él está pasándolo aún peor, por lo que accedo y me levanto para servirme una taza de café. Vuelvo a la mesa y le doy un sorbo.

-¿Cómo has dormido? –pregunto.
-Bien como no lo hacía desde días, gracias a ti –sonríe- tenerte aquí después de todo…
-Yo también pude descansar –le digo, ignorando las cuatro horas que pasé llorando en silencio a su lado, espero que no se diera cuenta- es decir, sin pesadillas.
-¿Tu también?
-A menudo –murmuro tomando otro sorbo- pero esta noche no. Soñé contigo.
-Yo también lo hice –sus ojos brillan y sé que realmente fue bueno.


Acabo el café y dejo la taza a un lado. Él me mira y parece preocupado, suspira y asiente en mi dirección.

-Vale –murmura.
-¿Y bien?
-Será esta mañana –susurra despacio, como si quisiera ver mi reacción muy detenidamente- el entierro.
-El…

Mierda.

-Está todo preparado. Mi madre y Scooter vendrán, aunque él podrá quedarse poco tiempo.
-No es necesario –digo, con un hilo de voz.
-Les dije que no vinieran, pero ellos querían estar.
-Yo…
-Tenemos que hacerlo, Swed –susurra tierno, su voz me relaja- sabes que debemos hacerlo. Después podremos seguir adelante.
-¿Seguir adelante? –bufo.
-Sé que es difícil, lo sé –insiste- pero cuanto antes lo hagamos…
-Tienes razón –le digo.

Él guarda silencio y medita mi respuesta.

-¿Si?
-Supongo que sí –murmuro- solo…
-Me puse en contacto con algunas de las amigas de tu madre y ellas se encargaron de avisar a sus demás conocidos, todos están al tanto –explica- también tiene un lugar reservado entre tus abuelos, las flores están encargadas, un pastor vendrá a oficiar la ceremonia, tu madre… yo iré a recoger su urna...
-Está bien –le corto- vale. Suficiente. –cojo aire e intento calmarme- gracias por estar haciendo esto cuando no tendrías por qué.

Ahora quiero echar todo el café. Creo que habría sido mejor hablar antes y desayunar después. Hago una mueca y me llevo la mano a la cabeza.

-¿Estás bien?
-Solo un poco mareada –digo.
-Swed…
-Bien, ¿a qué hora?
-Once.
-¿Qué hora es? –busco un reloj, pero recuerdo que a mamá no le gustaba tenerlos en la cocina. Siempre decía que la comida era un momento importante del día y no estaba permitido tener prisa.
-Son las nueve, tenemos dos horas –Y supongo que dos horas deberían ser suficientes para prepararme a enterrar a mi madre, mi única familia- voy a ir ya para arreglar unas cosas, mi madre está en el cementerio.
 Llegó anoche. ¿Crees que podrás prepararte? Volveré a recogerte.
-Sí, está bien, ve.
-Si necesitas que me quede…
-No –le digo- ve tranquilo.


Tras una discusión sobre dejarme o no sola consigo que Justin se vaya, y a pesar de que le prometo estar bien segundos después de traspasar la puerta vuelvo a sentirme sola y el techo se me cae encima aplastándome y dejándome sin respiración. Me obligo a guardar la calma pensando que de una forma u otra haremos esto, así que supongo que resignarse es… una opción.

Subo a mi habitación y me doy una ducha para despejarme e intentar mantenerme despierta. Busco en mi armario y me decido por unos jeans negros ajustados y una camisa sin mangas del mismo color, zapatillas negras y… gafas de sol. Negras también. Creo que mis ojeras no son necesarias a la vista de todos. Dejo que el pelo se seque con el tiempo y meto el móvil en mi bolsillo.

Agradecidamente cuando acabo de prepararme solo falta media hora, por lo que supongo que Justin estará a punto de llegar, lo que significa que no tengo demasiado tiempo para pensar y estar sola, lo que es bueno. Relativamente. Bajo las escaleras en busca de un vaso de agua cuando la puerta suena con un golpe seco. Ahí está. Justo a tiempo. Comienzo a andar hasta ella y entonces caigo en algo. Justin se llevó las llaves ¿no es cierto? Pero.. ¿Quién más podría ser? Mamá no, desde luego. Y ya no tengo a nadie.

Salgo de dudas girando el pomo y dejo que ésta se abra. La lisa tabla de madera se aleja y le veo.

Pero no es Justin.

Tampoco mamá.

Es Scott.

Me quedo de piedra, sorprendida y ardiendo en cólera a la vez. Inmóvil por mis músculos rígidos, si pudiera moverme en este momento le abofetearía la cara.

-Hola, Sweden –dice con voz ronca.
-Tú… -murmuro- ¿Qué… coño… haces… en mi… casa? –arrastro las palabras con veneno.
-Solo he venido a ver… a ver como estabas…
-Maldito hijo de puta ¿aún no tuviste bastante? -y entonces recuerdo que estoy sola.

Él se queda quieto al otro lado con cara de sorpresa, vaya, parece que no fue eso a lo que vino.

-Escucha –me dice- vine a pedirte perdón por todo –suspira- me enteré de lo de… tu madre.
-No me importa –le escupo- no eres bienvenido aquí.
-Sweden… -Scott comienza a andar hacia mí y yo retrocedo entrando más en casa. Él me sigue cerrando la puerta y de repente nos encontramos los dos en medio del salón.

Mierda.

Él extiende su mano en señal de disculpa, pero lo único que cruza mi mente en ese momento es la imagen de él sobre mí en aquel parque. Siento entonces una arcada y juro que necesito vomitar.

-No quiero tus disculpas –espeto.
-Y lo entiendo –mustia- pero necesitaba pedirte perdón por todo, se que fui un capullo y no vas a perdonarme –clava la mirada en el suelo y da un paso más hacia mi- pero yo…

Comienzo a retroceder cada vez más y estoy dispuesta a salir corriendo cuando la puerta se abre de repente y Justin aparece al otro lado. Scott se vuelve ante el sonido de ésta y veo la cara de Justin cuando los ojos de ambos se encuentran. Suelta las llaves tirándolas al suelo y sus manos se convierten en dos puños tensos, dos rocas. Me quedo inmóvil aunque quiero gritarle que no haga nada, pero su mandíbula está tensa y el color de sus mejillas se hace más fuerte. No va a escucharme.

-¿Qué cojones estás haciendo tu aquí? –ronronea Justin con una voz envenenadamente calmada. Da dos pasos y comienza a acercarse a él preparándose para golpearle.
-Espera, espera –le pide Scott retrocediendo mientras pone sus manos entre ellos en señal de calma- solo vine a hablar.

Justin sigue avanzando decidido a partirle la cara. Sus ojos oscuros brillan con ira. Él ya no es el Justin con el que estuve esta mañana.

-Pues hablemos –ríe él, pero su expresión es alocada, ha perdido el juicio, como aquel día…
-Espera, Justin –reacciono entonces poniéndome entre ambos- espera.
-No –dice ronco- aparta.
-Justin para –le pido acercándome a él- detente. Hoy no.
-Ha venido aquí –dice sin quitarle el ojo de encima- después de lo que te hizo –su mirada es fría como dos bloques de hielo a punto de estallar.
-Justin por favor –pongo mis manos contra su pecho en un miserable intento de pararlo- hoy no… precisamente –le suplico- no en su entierro.

Las palabras parecen golpearlo como una bofetada y se para en seco rodando sus ojos hacia mí y abandonando a Scott. El silencio se hace presente y el tiempo pasa sin que nadie haga un solo movimiento hasta que Justin recupera el sentido. Me mira y noto como sus pupilas recobran el color natural. Relaja sus manos y las pone sobre mi cintura colocándome detrás de el, de modo que ambos quedan frente a frente. Scott aún con las manos estiradas pide que le escuche.

-Di lo que tengas que decir y sal por la puerta si no quieres que te arranque la cabeza –bufa Justin.
-Yo… -Scott parece nervioso, desprotegido- Solo quería pedir perdón, a los dos, por todo. Sé que es tarde pero… -el baja una de sus manos y las mete en el bolsillo sacando un papel.

Se lo entrega a Justin despacio y este se lo quita de las manos. Lo mira de reojo y de repente capta toda su atención haciendo que su expresión cambie. Me lo tiende desde delante y yo lo cojo para observarlo. Lo que veo me deja realmente sorprendida.

-Es la única copia de la foto que queda –dice Scott calmado- todas las demás han sido eliminadas. Digitales y no digitales, solo queda esa.

Es nuestra foto. Justin y yo en el césped. La foto que jodió nuestra historia. Alzo la vista para mirarlo directamente a los ojos y veo en ellos que parece realmente arrepentido.

-Solo quería dárosla para que sepáis que está olvidado. Yo ya no soy una amenaza. Podéis hacer con ella lo que queráis –explica.
-¿Por qué ahora? –exige Justin.
-Puede que sea un capullo pero se cuando parar. Sweden ha sufrido bastante –me dirige una mirada apenado- solo vine a decir que… te acompaño en el sentimiento.

Nadie articula palabra, ambos guardamos silencio en parte porque queremos tener que dirigirle la palabra a ese individuo lo menos posible, y en parte porque nuestra voz ha desaparecido ante esto. Sorpresas. Parece que hoy será un día interesante. Tras ver que no obtendrá respuesta Scott se dirige a la puerta esquivando con un medio círculo a Justin para pasar lo más lejos de él posible. Atraviesa el umbral con la cabeza agachada y se aleja en silencio cerrándola detrás de él. Yo observo una vez más la foto y busco algo que decir o hacer.

-¿Y ya está? –Murmura Justin, dándose la vuelta para romper el silencio, hace una mueca y me mira irritado- ¿eso es todo? ¿se va sin más?
-Supongo.
-Maldito hijo de puta –sisea- aún debería matarlo.
-Olvidémoslo ¿vale? –le pido- un problema menos. Es todo.

Éste me mira y asiente, sabiendo que aún nos quedan unos cuantos que solucionar.

-Vamos, llegaremos tarde.

Justin coge mi mano y armándome de valor salimos a la calle, donde me espera un duro y largo día de emociones que nadie sabe como vendrán.



Salimos del coche tras llegar al cementerio. Reconozco el lugar porque he venido otras veces con mi madre, recuerdo que solía costar una pelea cada vez que me obligaba a venir a este sitio para visitar a mis abuelos y a mis tíos. Odiaba con toda mi alma este agujero y lo cierto es que era totalmente comprensible. Gran parte de mi familia está aquí. Nunca entendí por qué la gente viene a sentarse frente a una lápida fría con un nombre grabado en ella y se queda mirándola en silencio durante demasiado tiempo. No es necesario mostrarle respeto a un trozo de piedra, tampoco lo es venir a hablar con tus seres queridos. Ellos están dentro de ti, están a tu lado en cualquier lugar y dudo que sea necesario plantarse delante de un agujero para que ellos puedan escucharte. Solía explicarle a mi madre que cuando quería hablar con la abuela tan solo tenía que cerrar los ojos muy fuerte y pensar en ella. Su recuerdo venia a mi mente tal y como solía verla. Sonriendo. Eso era mejor que mirar fijamente una piedra grabada con su nombre. Y por lo que parece… hoy vuelvo a acompañarla a este sucio y triste lugar… para siempre.

-Pequeña –murmura Justin a mi lado -¿estás bien?

Su voz me arrastra fuera de mi cabeza y hace que vuelva a prestar atención al mundo real. Me giro para observarle apoyado en la puerta del coche con los brazos cruzados. Me he quedado helada mirando el cartel viejo y gastado en lo alto de la puerta de entrada. “Cementerio”.

-Si –digo seca.

Pero no es suficiente.

Justin abandona su postura y se acerca a mí para tirarme en sus brazos. Me rodea y yo hundo mi cara en su pecho alejándome de todo de exterior. Sabe perfectamente lo que necesito.

-Lo siento tanto… -susurra apretándome contra él.
-Está bien –sollozo intentando contener las lágrimas.
-No lo está –responde- pero sigo a tu lado.

La entrada está vacía y todo está en silencio, me encuentro escondida bajo la protección de Justin mientras él me cubre con sus brazos y simplemente dejo que las lagrimas salgan dejándome llevar con ellas, dejo de contenerme y me rindo a lo que me está matando por dentro. Lo cierto es que desearía quedarme así para el resto de mi existencia, pero sé que mis deseos rara vez se cumplen, por lo que me separo y lo miro a los ojos.

-Promete que no te irás –mi voz es apenas un susurro casi inaudible.
-Siempre –dice, clavándose dentro de mis ojos hasta tocarme el alma.


Camino pegada a él con pasos cortos y temblorosos. Justin agarra mi cintura sosteniéndome en pie, cosa que agradezco pues sin su ayuda dudo que pudiera seguir caminando a medida que nos acercamos a un corro de gente al final del largo y gris pasillo de lápidas y flores secas. Al principio todo es una mancha negra a penas en movimiento, que después se transforma en tristes caras a penas reconocibles. Seco mis lágrimas y suspiro para buscar recomponerme y tras la niebla que se ha formado en mis ojos logro reconocer algunos rostros. Anne Rocks está ahí con una gran pamela negra y unas ostentosas gafas de sol. Solía ir con mamá a su casa para tomar café cuando era más pequeña, ella había sido su mejor amiga. Clarisse y Jane también se hacen visibles a un lado, justo enfrente de dos figuras que al principio no logro descifrar y que más tarde suben la mirada hasta nosotros y la clavan fijamente antes de abandonar el grupo para recibirnos.

-Oh, Cariño ¿Cómo estás? –dice una dulce voz a mi encuentro.

La mujer se coloca frente a mi recibiéndome con un cálido abrazo de madre, se lo devuelvo con apenas fuerzas y por un momento siento como si fuera la mía propia quien me abraza.

-Pattie –susurro- gracias por venir- y mi voz suena ridículamente ronca.

Recuerdo el día en que la conocí en Atlanta cuando Justin nos presentó. Solo la había visto un par de veces desde entonces pero siempre se comportó como una segunda madre. Ella es agradable y tierna, hasta me había telefoneado en un par de ocasiones por mi cumpleaños para ver que tal iba todo. Realmente la consideraba de la familia.

Pattie me dedica una tierna sonrisa de pesar y después me suelta para encontrarse con su hijo. Los dos se abrazan y siento una punzada fatigante y dura en el pecho al pensar que jamás podré volver a hacer eso, y entonces desearía retroceder en el tiempo con todas mis fuerzas y abrazarla cada mañana al despertar, antes de dormir y al volver del instituto. Si pudiera cambiar algo ahora sería el tiempo que pasé con ella. Maldigo haber malgastado un solo segundo en gritarle y no en tenerla entre mis brazos. Ambos se saludan con afecto y Justin se separa volviendo a pasar su brazo por mi cintura a un lado para mantenerme cerca de él. Ella se da cuenta y nos dedica una dulce sonrisa de aprobación.

-Sweden –dice la otra voz a su lado- lo siento mucho.
-Scooter –murmuro- gracias por todo –intento sacar fuerza y prosigo- Justin me dijo que tú te encargaste de gran parte del… -mi voz se corta y el asiente en respuesta.
-Casi todo lo hizo él –dice- yo solo hice algunas llamadas.

Sus miradas se encuentran y Scooter hace una mueca triste hacia Justin antes de que sus ojos vuelvan a posarse en mi.

-Deberíamos ir –anuncia Pattie- el pastor ha llegado y van a empezar.

Ella señala hasta el grupo de gente que se amontona frente a un agujero y puedo ver por el hueco entre dos personas una caja de madera oscura que descansa sobre el suelo cubierta por coronas de flores. Un dolor comienza a oprimirme el pecho y lucho por seguir respirando. Justin se da cuenta y hace nuestro agarre más fuerte volviéndose hacia mí con rapidez. Posa su mano sobre mi barbilla y levanta mi cabeza para que nuestros ojos se encuentren.

-Escucha –me ruega- podemos irnos si no…

Yo suspiro pesadamente vaciando el aire de mis pulmones y le miro intentando ponerme derecha.

-Vamos –murmuro, aunque no estoy segura de poder seguir caminando.


El tiempo pasa y la ceremonia se hace condenadamente lenta. Mantengo la mirada fija en algún punto al fondo para evitar mirar a cualquiera de las muchas personas que mantienen sus ojos clavados en mí. Justin me agarra a su lado con dureza y acaricia mi costado con su mano para intentar relajarme. Evito con todas mis fuerzas posar la mirada sobre la caja de madera o las flores, sobre el agujero negro que la espera o sobre el maldito pastor que no deja de hablar sobre el buen acto que hizo o el recibimiento que tendrá en el cielo. Ella no debería tener que ir a ninguna parte. Ella debería estar aquí ahora, justo a mi lado. No de esta forma.

El hombre deja de hablar y cierra el libro que tiene entre las manos, acto seguido dos hombres con el mismo uniforme sujetan a ambos lados la caja y la introducen en el agujero, cosa que no les lleva gran esfuerzo puesto que no pesa más que la misma caja y un puñado de cenizas. Unos minutos más tarde una pesada roca tapa el hoyo e intento no ahogarme en mis lágrimas mientras despido a la persona que me dio la vida y hoy veo morir.

Una vez sellado y con grandes coronas de flores colocadas a su alrededor la misa se da por finalizada y la gente rompe el silencio emitiendo leves susurros que llegan a mí como un molesto ruido. Alguien toca mi hombro y me veo obligada a levantar la vista del suelo para verlo.

-Te acompaño en el sentimiento –dice un hombre al que no he visto en mi vida.

Asiento cansada y éste se marcha dejando paso al siguiente. Tres más y siento que moriré si sigo escuchando palabras de pesar sobre mí.

-Justin –murmuro sin poder mirarle a la cara, él sigue a mi lado. Me mira y sus ojos brillan al ver mi expresión, sé que él también está conteniendo las lágrimas- necesito irme de aquí.
-Claro –susurra, y tira de mi sin más haciendo que nos alejemos dejando a un grupo de gente esperando para hablar conmigo.


Traspasamos la puerta de metal que da entrada a este infierno y hago mi paso más lento mientras siento que pierdo todas las fuerzas, sigo andando hasta uno de los bancos que hay en un extremo del aparcamiento y me dejo caer abatida. Justin se sienta a mi lado y coge mi mano con fuerza. Noto como abre la boca para decir algo y después vuelve a cerrarla pensándolo mejor, yo mantengo la mirada fija en el suelo y lo único que puedo escuchar son las hojas de los arboles a nuestro alrededor bailando de un lado a otro por el viento. Lo que se siente como una eternidad después el móvil de Justin rompe el silencio haciéndome saltar y éste se lo lleva al oído sin ni siquiera mirar la pantalla.

-Bieber –dice seco, su voz ronca delata que está tan cansado como yo.

Por el rabillo del ojo noto como su mirada se clava fija en mi volviéndose turbia y sus labios se tornan en dos finas líneas. Levanto la vista y veo como sus parpados se cierran fuertemente en una mueca de irritación.

-Malditos desgraciados –suelta- vamos para allá –y cuelga el teléfono.

Giro mi cabeza para observarlo mientras me pregunto qué más puede pasar hoy. 

-¿Qué ocurre?
-Es Scooter –anuncia- unos hombres quieren hablar contigo.
-¿Qué?
-Están en la cafetería de aquella esquina –murmura señalando al frente- los vi antes pero pensé que solo estaban aquí por alguna mierda de control o seguridad.
-¿Quiénes? –digo desconcertada, no entiendo nada.
-No deberían haber venido –espeta- no ahora.
-Justin, dime que pasa –exijo.
-Vamos –tira de mi mano para levantarme- enseguida lo sabrás.

Me arrastra y nos dirigimos a la cafetería desde donde Scooter ha llamado. Al parecer él está con esos hombres, pero… ¿Quiénes son? Y sobretodo ¿Qué quieren de mi?  Según nos acercamos la expresión de Justin se vuelve cada vez más tensa y puedo oír rechinar sus dientes. Tiene la mandíbula apretada y los ojos clavados en el suelo mientras caminamos. Al atravesar la puerta Justin se para en seco y sujeta mi cara con ambas manos haciendo que nuestros ojos se encuentren de lleno.

-Escúchame Sweden –me pide- pase lo que pase ahí dentro no te preocupes por nada, no voy a dejar que te hagan daño.
-¿Qué? –pregunto perpleja, no entiendo de qué va todo esto.
-Solo quédate a mi lado y no te pongas nerviosa.

Justin me dedica una última mirada y nos lleva hasta una de las mesas más alejadas al fondo, en la que dos hombres vestidos con traje y corbata esperan con las manos cruzadas y en silencio frente a Pattie.


Esto me da muy mala espina. 
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miércoles, 11 de septiembre de 2013

•"Tan solo una salida" {Capítulo 28}.

-Idiota –dice ahora, pero entonces sonríe.

Le doy un pequeño codazo y se retuerce de falso dolor.

-Oye, no te hagas la graciosa ¿vale? –Ahora parece molesto- yo tuve que hacerte vomitar –hace una mueca- ¿crees que fue agradable?

Y entonces me quedo congelada.

-¿Enserio?

Justin se da cuenta de mi cambio e intenta quitarle importancia.

-No lo decía…
-No, lo sé –susurro- es solo que…
-No te sientas mal –me pide.
-Yo solo quería dejar de sentir dolor –bajo la mirada hasta el suelo- no es fácil ver como pierdes lo que antes creías eterno.

Su agarre se hace más fuerte entre mis dedos y asiente.

-No importa cuántas veces caigas si en todas te levantas –mustia.
-No es una excusa.
-Lo sé –murmura, y noto como sus ojos se rompen, está reprimiendo las lágrimas- morí de mil formas diferentes cuando te vi ahí tirada Sweden. No puedes imaginar…
-Shh –pongo un dedo sobre sus labios y levanto su cabeza.
-Dejemos todo esto ¿vale? Solo quiero estar contigo.
-Es lo único que necesito –responde.

Y así sus ojos vuelven a recuperar poco a poco su color miel y sus labios acortan distancias para encontrar de nuevo los míos, esta vez de una forma más intensa y desesperada. 
Nuestra droga.


Es ya casi de noche cuando una de las enfermeras entra en la habitación y nos avisa de que todo está listo para firmar el alta.

-Gracias a dios –murmuro tirada boca abajo sobre la cama- estaba empezando a hacerme vieja.

La mujer pasa su mirada de Justin a mí y hace una mueca.

-Un coma no es algo que pueda tomarse a la ligera, estamos dándole el alta ahora cuando podríamos tenerla aquí hasta una semana –dice en tono amenazador- tiene usted suerte.

Vaya, creo que a alguien no le caigo demasiado bien.

-Lo sabe –dice Justin desde el sillón del fondo haciéndome sentir como una niña pequeña- y lo siente, solo está cansada- la enfermera cambia radicalmente la expresión al escuchar su voz –muchas gracias.

Ésta le dedica una sonrisa de suficiencia y se aleja hasta la puerta cerrándola tras de sí, no sin antes pasar una vez más la vista sobre mí con aires de superioridad.
Me incorporo irritada y voy hasta el sillón que está situado justo al lado del que él está ocupando, sobre éste descansa una mochila que me resulta familiar.

-¿Esto es mi ropa? –señalo, y el asiente.
-Está aquí desde que ingresaste.
-Muy optimista –bufo, agarro la bolsa antes de girar sobre mis talones y dirigirme al aseo sin mirar atrás a pesar de que sé que Justin me está observando. Cierro la puerta y la tiro a un lado.

El reflejo en el espejo me devuelve una imagen cansada y destrozada, no me vendría nada mal una ducha ahora mismo. Suspiro y abro el grifo, me echo un poco de agua en la cara e intento arreglar lo que claramente no se soluciona con un poco de jabón y una pasada con las manos sobre el pelo. Resignada me meto en unos jeans y una camisa sin mangas color azul oscuro. Después de todo Justin tiene buen gusto a la hora de elegir ropa. Entro en los zapatos y vuelvo a salir dándole una patada al horrible pijama de hospital lanzándolo sobre el suelo al otro lado de la habitación. Odio los hospitales.

Tras escuchar el sonido de la puerta detrás de mi espalda cerrarse me encuentro de nuevo ante la mirada insistente de Justin perforándome sin piedad.

-¿Qué pasa? –mustio molesta, y me dirijo a la cama para dejar la mochila sobre ella.
-Dímelo tu –parece divertido por mi expresión.
-Creo que no tengo nada que decir –pongo los brazos en jarras- solo me gustaría salir cuando antes de aquí.

Un momento después él está ya de pie metiendo el móvil en su bolsillo trasero y se dirige a la puerta. Yo le sigo en silencio volviendo a agarrar la bolsa y camino con la cabeza baja hasta que me topo con algo.

-¿Por qué te paras? –levanto la mirada para encontrarme con Justin apoyado contra la puerta impidiéndome que salga.
-¿Vas a decirme que ocurre?
-Ya te dije que nada –suspiro- ¿Podemos irnos?
-No –dice seco.

Intensifico la mirada para intentar parecer amenazadora pero una vez más fracaso y sé que no dejara que me vaya.

-No me agrada que intentes comportarte como mi padre –mustio- el comentario de antes… no era necesario.

Él curva sus labios intentando reprimir una sonrisa.

-¿Qué?
-Simplemente me haces sentir como una niña pequeña que necesita lecciones para comportarse correctamente.
-No necesitas ninguna lección –ahora su mirada se vuelve pícara y sus ojos color miel se intensifican en torno a mi- al menos no de ese tipo.
-De cualquier forma –intento huir de sus ojos acosadores- no eres mi padre. Solo tienes un año y medio más que yo.
-Un año y seis meses –sonríe.
-Olvídalo –bufo, e intento echarle a un lado para salir, acto que resulta inútil comparando su fuerza a la mía.
-¿Algo más? –ofrece.
-También me irrita el efecto que cusas en todas las mujeres –susurro avergonzada, no sé por qué he dicho eso- resulta… molesto.
-¿A qué te refieres? –parece interesado.
-No lo sé –meto una de las manos en el bolsillo trasero de mis jeans- solo… que cuando estoy contigo todas las chicas me miran como si fuera un insecto –él suelta una risa- y a ti te comen con los ojos.
-¿Y qué importa eso?
-Supongo que nada –bajo la mirada- o todo.

Noto movimiento y en una milésima de segundo su cuerpo se pega contra el mío haciéndome cambiar de dirección y me veo apoyada contra la puerta y a él sobre mí, impidiéndome cualquier opción de escapar.

-Supongo entonces que tú eres mi insecto –susurra casi contra mi boca.
-Justin…
-Escúchame –sube una mano hasta mi cuello y lo acaricia con suavidad- ¿todavía no has entendido que yo solo tengo ojos para ti? –Nuestra respiración choca por la distancia- ¿todavía no te has dado cuenta de que podrán haber cuarenta millones de chicas en el mundo y yo seguiré eligiéndote a ti por encima de todo? –Subo ahora la mirada para que nuestros ojos se encuentren y lo hace con un brillo que antes no estaba ahí, comienzo a ponerme nerviosa por la proximidad de sus labios contra los míos- vamos Swed, debes empezar a valorarte un poco.
-Lo hago –intento susurrar, pero casi no tengo voz.
-No lo haces y es algo que nunca llegaré a entender –noto sus dedos recorrer ahora mi espalda- porque eres todo lo que alguien podría desear.

Suspiro sobre su boca pidiendo a gritos con cada poro de mi piel que me bese. Este hombre me deja totalmente fuera de combate. Él abandona mis ojos para posar su mirada en mis labios y entonces sé que lo ha captado.

-Tú eres mi persona favorita en el mundo, ya lo sabes.

Y así vuelve a darme eso que me mantiene viva. Siento como su cuerpo se pega más al mío dejando inexistente la distancia e impidiendo cualquier paso de aire entre nosotros. Giro mis caderas para encontrarme con las suyas y sus manos recorren ahora todo mi cuerpo. Un segundo y siento sus cálidos y suaves labios bailar con los míos. Dulce droga.



-Buenas noches –saluda Justin a la mujer que atiende en recepción- nos han dicho que es aquí donde tenemos que firmar un alta.

La chica levanta la cabeza y sonríe al verle, como no, comiéndoselo con la mirada de arriba abajo.

-Es correcto- suelta una risita ridícula que hace que mis músculos se tensen queriendo abofetearla. -¿Cuál es su nombre?
-Soy Sweden –intervengo obligándola a sacar sus ojos de él –Hamilton.

Ella gira la cabeza hasta encontrarse conmigo sin ganas, parece que acaba de darse cuenta de mi existencia. 

Perfecto.

-¿Y en qué habitación estaba usted, señorita Hamilton?
-Segunda planta, 302.
-Ajam –murmura tecleando algo en el ordenador- es usted menor de edad ¿no es cierto?
-Sí.
-Me temo que debe firmar el alta alguien mayor de dieciocho años.

Maldita sea.

-Yo lo firmaré –dice Justin con voz seria.

La chica se gira de nuevo para prestarle toda la atención volviendo a hacerme sentir como la niña traviesa e incapaz de todo.

-No creo que sea necesario –espeto.
-¿Quieres salir de aquí o no? –me dedica una mirada divertida, el muy capullo está disfrutando después de todo.
-Como quieras –murmuro, y me doy la vuelta para seguir el camino por el largo pasillo dejando atrás al señor adulto.


Diez minutos después me encuentro en la entrada del hospital, respirando aire fresco y mirando el cielo oscuro casi sin estrellas, empieza a hacer frío. Una de las puertas dobles se abre detrás de mí y unas manos firmes agarran mi cintura por detrás.

-¿Lista para ir a casa? –susurra en mi oído.

Me giro para plantarle cara y sus ojos miel me abordan cortándome la respiración.

-¿Lo pasaste bien ahí arriba? –susurro intentando mantener el tono duro de mi reproche.
-Solo hasta que te fuiste.
-Estoy segura –murmuro, y abandono la lucha.

Justin se acerca a mi cuello y planta despacio un beso húmedo sobre él, justo debajo del oído. Sabe mi punto débil.



Cuando el coche se detiene frente al porche y observo mi casa me doy cuenta de que con tan solo mirar la fachada se nota diferente. Todo está oscuro y parece no haber tenido habitantes en mucho tiempo. Un escalofrío me recorre la espina dorsal y suspiro pesadamente para armarme de valor y entrar. Antes de que pueda abrir la puerta del coche Justin ya está abajo y me espera para ayudarme. Extiende su mano y agarra la mía con fuerza. Al salir el frío se me mete en los huesos de inmediato y siento que he perdido toda la fuerza que él me ha dado en el día. Nos acercamos a la entrada y me dispongo a buscar la llave donde solía esconderla mamá, pero él pone una mano sobre mi hombro para que me detenga.

-La tengo yo –susurra.

La saca del bolsillo trasero de su pantalón y la introduce haciendo chirriar la puerta, ésta nos deja paso a un oscuro salón sin vida. Al atravesar el umbral miro a mi alrededor y veo que todo está triste. Él roza el interruptor y la luz llena la habitación. Realmente la vida aquí ha desaparecido por completo. No hay rastro de felicidad por ninguna parte, esta no es mi casa.


-Vamos –me anima Justin entrelazando nuestras manos- deberías darte un baño. Yo prepararé algo de cenar, estoy seguro de que tu estomago agradecerá algo de comida de verdad.
-No tengo hambre –mustio, realmente acabo de perder toda mi fuerza.
-Vamos Sweden –me pide él- por favor.

Le miro y veo sus ojos, suplicando que le ayude a seguir con todo esto. Tengo que hacerlo por él.

-Está bien –pongo una sonrisa, aunque sé que él nota que no es verdadera.

Pongo esfuerzo y subo la escalera para entrar en lo que antes había sido mi habitación. Ahora todo es demasiado grande para una sola persona, aun no puedo creer que ya no vaya a volver a sentir ese aroma a naranja y canela de los bizcochos que mi madre solía preparar por la mañana.

Tiro la bolsa a un lado y me quito la ropa sin ánimo. Aquí está la realidad. Vuelvo a toparme con la cruda y desesperante vida real y esto es lo que me espera. Silencio, oscuridad, la nada en una casa demasiado grande, demasiado bacía. Entro al aseo y abro el grifo girándolo para pedir agua caliente. Cojo el cepillo que sigue en el mismo sitio en el que lo dejé, sobre el lavabo, y lo paso por el pelo luchando contra los nudos que se han formado en la parte de atrás de mi cabeza. Lo suelto y entro al contacto del agua que sale a chorros. Durante un momento cuando comienzo a sentir el calor del agua sobre mis hombros bajar hasta tocarme los pies todos los músculos de mi cuerpo se relajan y me quedo inmóvil. ¿Qué voy a hacer ahora? Cierro los ojos y dejo el agua correr por mi cara. Estoy perdida, creo que esto es un punto de no retorno. ¿Qué salidas tengo? ¿Qué puedo hacer?

Suspiro y sé que las fuerzas me abandonan por completo. Siento mis lagrimas salir y mezclarse con el agua que se escurre por el desagüe, tal vez ahí debería acabar yo, junto a mis lágrimas. Noto un fuerte pinchazo en el costado y pierdo el equilibrio, caigo contra el suelo de la ducha y me golpeo las rodillas, giro sobre mi misma para sentarme y junto las piernas bajo mi barbilla, cruzo mis brazos sobre ellas y entierro la cara entre mi pecho. Y ahí estoy, haciéndome pequeña bajo el agua, sumiéndome en mis pensamientos inmóvil y dejándome arrastrar por las lágrimas que siguen corriendo fuera de mi alcance. A pesar del calor del agua comienzo a temblar, siento frío y tengo miedo porque recuerdo esta sensación de vacío. Mi mente corre hacia esa noche, la noche en la que recibí la llamada. Y revivo cada segundo mientras ahogo los gritos húmedos entre mis manos.

Pasa el tiempo y siento que necesito hacer algo, reacciono y me obligo a dejar de temblar e intentar recomponerme. Algo dentro de mi cabeza vuelve a hacer clic y recuerdo que él está ahí abajo esperándome. Necesito ser fuerte por él, al menos por ahora, y es que aunque parezca egoísta cuando estoy con Justin todo lo demás se esfuma y parece que puedo seguir viviendo, pero tarde o temprano el volverá a su vida y entonces… ¿Qué? ¿Qué pasara conmigo? No puedo obligarle a estar eternamente a mi lado, eso sería cruel. Necesita seguir con su historia, no es justo que cargue con esto. Con mi vida. Con mis sombras. Necesito encontrar una solución, necesito poner en orden mi cabeza aunque en este momento siento que si intento hacerlo explotará. Debería tratar de descansar y darle un respiro a mi mente. Tal vez mañana consiga ver de todo esto algo útil, por ahora algo es seguro. Él está aquí y no servirá de nada auto compadecerme tirada en el suelo mientras maldigo mi asquerosa vida. ¿No es cierto?


Atravieso la puerta y abro el armario, saco unos shorts y una camiseta de tirantes, cojo algo de ropa interior y me visto rápidamente. Dejo el pelo mojado y bajo las escaleras de nuevo, al hacerlo noto un olor a nata y beicon frito. Escucho también a Justin tararear una canción y una sonrisa sale al exterior desde lo más hondo. Inspiro el aroma dulce y suspiro recuperando algo de vida para entrar en la cocina.

-¿Pasta? –murmuro atravesando la puerta.
-Carbonara.
-Mi preferida –susurro.
-Lo sé –sonríe y deja un par de cubiertos sobre la mesa- creí que te apetecería.

Y le miro sin saber muy bien que decir. Justo esto es lo que me mantiene viva, justo esto me hace sacar fuerzas para levantarme del suelo y dejar de llorar.

Él.

-Tardaste mucho –dice, sacando dos platos y sirviendo espaguetis sobre ellos- ya iba a subir a buscarte.
-Necesitaba una buena ducha –sonrío- ahora estoy mucho mejor.

Él me devuelve una tierna sonrisa, pero también sabe lo que ha pasado allí arriba, aunque por alguna razón decide dejarlo pasar. Se acerca a mi retirando la silla para que ocupe mi sitio, el también toma asiento y comenzamos a cenar.


-Y bien –murmura llevándose otra cucharada de pasta a la boca- ¿Cómo estás después de todo?
-Estoy bien –aseguro, aunque sé que no lo he convencido- solo… necesito tiempo, eso es todo.
-Tiempo –repite.
-De verdad Justin –le miro- estaré bien.
-Cuando alguien se va el que más sufre es el que se queda –susurra- pero eso tu ya lo sabes.
-Ser humano es tan confuso…
-Estoy de acuerdo –mustia, y se levanta para dejar su plato en el fregador- aunque si cambia algo estoy aquí para ti –sonríe- aunque también sabes esto.
-Lo sé –susurro- y no tendré vidas suficientes para agradecértelo.
-Es mi forma de intentar sentir que te merezco.
-Justin –dejo Salir un pesado suspiro- debes empezar a valorarte un poco, porque eres todo lo que alguien podría desear –repito sus mismas palabras horas antes imitando su voz- eres mi persona favorita en el universo.
-Creo que yo dije mundo –hace una mueca.
-Te gané entonces –sonrío.
-Oh, no lo creo, yo te doy un… uninito.
-¿Un… que?
-Uninito –ríe orgulloso- es un universo mas un infinito.
-Oh dios –suelto una carcajada- se te dan de pena los juegos de palabras ¿lo sabías?
-De eso nada –hace un puchero.
-Eh, no hagas eso.
-¿Qué?
-No hagas pucheros –le pido- sabes que no puedo…
-¿Si? –dice, intensificándolo más mientras se acerca.
-No puedo con los pucheros –susurro- para.
-¿Por qué? –él sigue acercándose a mi despacio sin dejar de hacerlo.
-Porque –digo, levantándome de la mesa- si no paras te comeré a besos.
-¿De verdad?
-No me provoques, maldito.

Retrocedo hasta la puerta intentando alejarme porque realmente se que si no deja de hacer eso me lanzaré sobre él y querré comérmelo, es demasiado. Es tan jodidamente adorable… parece un niño pequeño.

-¿A dónde vas? –susurra divertido, creo que ibas a hacer algo.

-Te odio –digo, y huyo de allí escaleras arriba.

Entro a la habitación y me doy la vuelta para intentar cerrar la puerta, pero Justin ya está ahí para impedirlo. Mierda, es rápido. Retrocedo sin dejar de mirarle y veo que su expresión es ahora una extraña mezcla entre adorable y pícara. Oh dios. No.

-Bieber –le advierto- detente.
-¿O qué? –da otro paso.
-O… -echo de nuevo el pie hacia atrás para alejarme pero me topo con los pies de la cama y caigo de espaldas en ella. En una milésima de segundo Justin está sobre mí sujetando las manos por encima de mi cabeza, inmovilizándome y condenadamente cerca. ¿Cómo ha hecho eso?
-¿Decías…
-Eso no vale –murmuro, y nuestra respiración vuelve a chocar.
-Puede –susurra sobre mi oído- pero ahora te tengo donde quería.

Y sin más, posa su mano libre en mi cara haciéndome girar la cabeza, por lo que mi cuello está de nuevo expuesto a su ataque.

-No…

Pero es demasiado tarde, sus labios rozan el lóbulo de mi oreja y baja haciéndome temblar bajo él. Maldito punto débil, y maldito el día en el que lo averiguó. Abre su boca unos centímetros rozando ahora sus dientes contra él y haciéndome querer morir bajo su pecho. Recorre cada centímetro de este hasta subir y encontrarse con mi boca, posa un casto beso sobre ella y baja de nuevo hasta mi hombro que destapa con la boca dejándolo desnudo. Intento moverme bajo el pero mis manos están atadas y el peso de su cuerpo me lo impide. Noto su lengua sobre mi clavícula, caliente y ansiosa. Sube de nuevo y abre mi boca con urgencia para entrar en ella. Ahora su respiración es agitada y su cuerpo se pega cada vez más al mío permitiéndome notar algo creciendo en su entrepierna.

-Justin… -susurro dentro de su boca, pero suena más como un gemido.

Él sonríe excitado haciendo más fuerte nuestro juego de lengua, y sube mi camiseta dejando al descubierto mi estómago y pasando sus dedos por él. Y quiero que me bese en cada lunar, cada rincon, cada centímetro de piel, cada molécula de mi ser. Siento que el calor se hace cada vez más intenso y los escalofríos empiezan a recorrer todo mi cuerpo pidiendo más. Me retuerzo bajo él atrayéndolo hacia mí y siento que gime desesperado cuando su entrepierna roza la mía y nuestros pantalones queman rozando la piel que quiere ser libre. Me dejo perder dentro de su boca y respiro su aliento que cada vez se hace más intenso. Recorre su mano hasta mis pantalones y desabrocha el botón tirando de ellos y dejandolos por debajo de mis bragas, acto seguido hace lo mismo con los suyos. Oh dios. Puedo oler su pelo a centímetros de mi, noto el pulso de su muñeca haciendo presión sobre mis manos y su pecho palpitar contra mí. Vuelve a subir hasta mi boca y muerdo su labio inferior a lo que responde con un gemido ahogado. Una pelea que nadie quiere ganar, una lucha boca a boca por entrar y liberarse. Ojos cerrados, aliento reprimido, labios húmedos, piel caliente, manos temblando, respiración agitada. Hace aún más fuerte nuestro agarre y entonces se queda inmóvil. Se separa un segundo para mirarme y nuestros ojos se encuentran de lleno, sostiene mi mirada lo que parece ser infinito y cierra con fuerza los párpados obligándose a parar mientras creo ver un mueca amarga en su rostro. Retrocede y planta otro beso sobre mi boca antes de separarse definitivamente soltando el agarre de mis manos. Aún desorientada intento recuperar el aliento mientras él se echa a un lado de la cama y se deja caer con la respiración agitada. ¿Qué haces Bieber, acabas de alejarte? No, no puedes, no ahora.

-¿Qué ocurre? –susurro.
-Nada –me mira turbado- es muy tarde, creo que deberíamos dormir.

Esto me pilla desprevenida y me siento rechazada.

-¿Tu no me… -cojo aire normalizando pulso- deseas? –y tras esto me obligo a mirar al suelo.
-¿Qué? –alza una ceja sorprendido.

Alzo de nuevo la mirada ante su expresión.

-Eso.
-¿Estás de broma, no? –Bufa- creo que es bastante obvio que si –baja la mirada hasta su pantalón- sabes que me vuelves loco.
-¿Y por qué te detienes entonces? –hago una mueca.
-Si no lo hago ahora tanto tú como yo sabemos que no habría tenido fuerza para hacerlo –me mira nervioso- y creo que no es el momento.
-No es el momento –repito intentando entender.
-Ya sabes a que me refiero Swed –me mira tierno- hoy ha sido un día muy duro y mañana lo será aún más –extiende mi mano y entrelaza nuestros dedos- necesitas descansar.
-Pero yo…
-Además sentiría que estoy aprovechándome de ti en este momento.
-Eso es una tontería –bufo indignada.
-Estás cansada, necesitas dormir.
-No soy una maldita niña pequeña, Justin.
-Créeme, lo sé –dice, pasando sus ojos por el cuello bajado de mi camiseta y los pantalones caídos.

Maldita sea.

Me incorporo abrochando el botón de mis shorts y coloco bien el tirante.

-Simplemente quiero hacer esto bien ¿vale? –Es casi una súplica- te aseguro que no hay nadie en este jodido planeta que tenga más ganas que yo de tenerte de esa manera, pero no quiero joderlo todo. No contigo.

Y entonces me doy cuenta de que realmente lo dice en serio, quiere esperar.

-Está bien –le digo.
-¿Estás enfadada? –sonríe.
-No puedo estarlo contigo –suspiro- ya lo sabes.

Y así, sin más, apaga la luz y me arrastra junto a él en la cama. Se acuesta a mi lado y pasa su brazo por encima de mí cogiendo mi mano al otro lado, pega su cuerpo al mío por mi espalda abrazándome, haciéndome sentir segura. A salvo. Aún puedo notar su excitación detrás de mí. Me da un beso dulce y suave y entonces el silencio nos invade. Esta vez un agradable silencio, porque estoy con él, y nada puede salir mal.

-Te quiero –susurra.
-Yo también a ti.

Y así, con su respiración haciéndose más lenta al compás de la mía, ambos nos perdemos en los sueños, que por primera vez en mucho tiempo son eso, sueños, y no pesadillas. 

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martes, 16 de julio de 2013

•"Tan solo una salida" {Capítulo 27}.

-El nombre que debe constar en la lápida es Anne Marie Hamilton.

Exhalo un largo e intenso suspiro haciendo que todo mi cuerpo recoja aire y giro el pomo de la puerta para encontrarme de lleno con ella. Traspaso la puerta y entonces la veo, Sweden. Mi Sweden. A pesar de estar llena de cables y conectada a una máquina sobre esa cama sigue siendo igual de preciosa. Sigue estando aquí.

Sigue siendo mía.



#Sweden
Nunca me había detenido a pensar en cómo iba a ser mi vida o en cómo vivirla hasta que un día encontré a alguien con quien compartirla. Supongo que las personas pasamos la existencia esperando encontrar a alguien que te llene por completo, alguien que te haga sentir esa vibración en las venas al tocarte, que haga que tu corazón se dispare y se pierda en el jodido universo y que haga que tu piel se erice con tan solo una caricia. Yo lo encontré. Encontré a esa persona por la que daría la vida y ahora ya no sé donde estoy ni que he hecho para hacer que se aleje.


Siento una presión horrible en la cabeza y no puedo ver nada. Noto miles de agujas entrar y salir en mi cerebro y es como si alguien quisiera cortarlo en trocitos y yo estuviera sintiéndolo con cada pinchazo. Noto una presión en el pecho y me cuesta respirar. Todo está oscuro y no puedo ver. Intento abrir los ojos pero me pesan demasiado. Hago un amago de mover la mano para tocarme la cara y despertar del sueño pero mis manos no responden, es como una de esas pesadillas en las que alguien te persigue pero tú no puedes correr demasiado rápido y acabas cayéndote al suelo sin poder moverte. Me siento pesada y me duele todo el cuerpo. Quiero despertar de este sueño, no me gusta. Quiero volver. ¿Por qué no puedo volver? Intento inhalar aire para saber donde estoy pero no huelo nada. Mis sentidos están muertos y yo quiero salir corriendo. No oigo nada, solo un constante pitido a mi lado derecho, como si hubiera una de esas máquinas de los hospitales a mi lado, pero no puede ser… ¿o sí?

Pasa el tiempo y yo sigo sin poder hacer nada. Mis sentidos se agudizan pero mi cuerpo sigue sin responder a las órdenes. Y entonces escucho algo que hace que todos mis músculos quieran tensarse y salir corriendo hacia la voz.

-Sweden, Cariño –susurra- buenos días.

Es él.

Noto que acaricia mi mano y se sienta a la derecha. Oh dios, está muy cerca de mí y ahora puedo sentir las puntas de sus dedos jugar con un mechón de mi pelo. Quiero abrir los ojos, necesito verle.

¡Justin, estoy aquí! Quiero gritar, pero no tengo voz.

Y de repente se aleja y vuelvo a tener frío. Sigo escuchando y noto que habla con alguien al final de la habitación. Su voz llega como un dulce eco que me hace tener más ganas de volver a salir corriendo y tirarme entre sus brazos.

-¿No debería haber despertado ya? –murmura, y sé que está preocupado.
-Necesita tiempo –dice otra voz.
-Pero ya ha pasado una semana –ahora está tenso.
-Señor Bieber, estamos haciendo todo lo que podemos pero salir de un coma es algo que solo puede hacer el paciente, solo podemos esperar.
¿Un coma? ¿Estoy en un coma? No, pero… eso no es posible.
-Necesito que despierte –espeta- va a hacerlo ¿no?
-Tenemos que creer que si, ya ha pasado todo el peligro y en un caso así ellos suelen despertar al cabo de cinco a siete días.

Escucho a alguien salir de la habitación y a Justin suspirar pesadamente, entonces vuelve a mi lado y coge de nuevo mi mano para entrelazar nuestros dedos. Noto su voz muy cerca.

-Sweden, pequeña –susurra- necesito que despiertes. Te necesito aquí conmigo, vamos.

Yo también te necesito, Justin.

-Estos están siendo los peores días de mi vida ¿sabes? –mustia- y ni siquiera sé si vas a despertar.

¡Claro que lo haré, yo necesito estar ahí!

-Pero necesito creer que vas a hacerlo. Por mi –aprieta nuestras manos- o por ti. Por ambos, te quiero aquí de nuevo.

Necesito levantarme y decirle que he vuelto y no pienso irme, quiero apretar mi mano contra la suya para sentirlo más cerca pero mis malditos músculos no responden. Esto es un infierno.

-¿Sabes qué? –Continúa- yo se que eres fuerte. Hemos superado tantas cosas juntos que sé que esto es solo un bache más y pronto estarás a mi lado de nuevo –él suelta un leve suspiro y lo noto sonreír- creo que si alguien supiera todo lo que me haces sentir estaría tan enamorado de ti como yo lo estoy, y tengo miedo.

No, Justin, no lo tengas. Yo te quiero, te quiero a ti.

-Prometí estar siempre contigo… y aquí estoy.

Y yo lo estaré también.

-¿Sabes… -hace una pausa y tras unos segundos continúa- sabes lo que le pasa a los periquitos cuando se les separa? –Guarda silencio durante un momento como si yo pudiera contestar- Que al primer día dejan de cantar –suspira- después de comer, y más tarde se mueren de pena.

No…

-¿Y sabes por qué? –vuelve a esperar mi respuesta- porque nacen para estar juntos. Por eso me quedo aquí contigo… hasta el final.

Y en ese momento quiero llorar. Noto mis ojos húmedos pero no puedo saber si alguien más se dará cuenta. ¿O sí? De repente Justin suelta mi mano y se aleja hacia la puerta. Unos minutos después vuelve y noto la presencia de otra persona.

-Mire –dice- he visto una lágrima correr por su mejilla.

Él parece alarmado.

-¿Qué estabas haciendo? –le pregunta la enfermera.

El guarda silencio un momento.

-Estaba… estaba hablando con ella.
-En ese caso sigue haciéndolo –dice alegre- estás haciendo que vuelva.

Noto como la mujer se va y Justin vuelve a mi lado, esta vez con más fuerza. Esta vez su agarre es más intenso y sé que es una súplica.

-Vuelve conmigo, Sweden –susurra casi en mi oído.

Quiero hacerlo.

Pasan unos minutos y por fin vuelvo a escuchar su voz.

-Te elegí a ti porque eres la persona que me hace feliz –noto que ahora acaricia mi cara- a quien tengo en mi mente a cada momento y por la cual me arriesgué a decirle todo lo que sentía y no me importó nada más. Tú me haces soñar sin necesidad de dormir. Siempre me pregunto qué estarás haciendo o donde estarás. –Su voz es suave y dulce, como la de un niño pequeño- Eres tú la persona por la que me muero de celos cuando otro chico te mira, daría mi vida por ti y aunque sienta que no te merezco y no soy suficiente necesito que tú quieras estar conmigo. Te necesito para vivir. Por ti me levanto cada día con una sonrisa y sigo aquí luchando por esta locura –una lágrima cae sobre mi mano y entonces sé que está llorando- y no me importa nada. No te cambiaría por nada ni por nadie en este mundo. Tu eres mía Sweden –susurra- eres con quien quiero estar el resto de mi vida.

Y en ese momento me siento con ganas de comerme el mundo. Es entonces cuando sé que todo esto es más fuerte que cualquier cosa y que por más meteoritos que nos caigan encima voy a seguir luchando con uñas y dientes, voy a dar la vida y el alma por volver a verlo. 
Necesito ver de nuevo sus ojos, quiero sentir su sonrisa. 
Y entonces la veo.

Poco a poco consigo abrir los ojos y la luz me ciega de tal forma que tengo que volver a cerrarlos de inmediato. Vuelvo a abrirlos un poco y veo que está mirando hacia abajo, hacia nuestras manos. Ahora está serio. Intento moverme pero solo logro hacer una mueca que se convierte en una sonrisa. He vuelto, él está aquí y yo también. Ahora puedo verle.

-Justin… -susurro.
-¿Si? –murmura, tan bajo que casi no puedo oírle.

Y de repente se da cuenta de quién le ha llamado. Todo encaja y como si la vida le fuera en ello alza la cabeza y nuestros ojos se encuentran de lleno. Veo en su cara excitación y alarma. Sorpresa. Se queda mudo e inmóvil durante unos segundos y tras reaccionar se echa sobre mí y me veo envuelta entre sus brazos. El aire comienza a faltarme pero no me resisto. Se siente demasiado bien.

-Sweden –dice ahora más alto- Sweden estás despierta –el me suelta entonces y agarra con sus dos manos mi cara- ¿esto es real?

Trago saliva y pruebo mi voz.

-Eso espero –susurro, un pequeño hilo atraviesa mis cuerdas vocales. Suficiente.
-Demonios, me hiciste pasarlo realmente mal.

Y ahora su sonrisa me choca de lleno y me hace perderme en ella. Mantenemos los ojos hundidos dentro de los del otro durante al menos cinco minutos, y entonces me siento fuerte.

-Estás muy feo –sonrío.

Él hace una mueca y después me devuelve una risa.

-Llevo días sin dormir. Tú tampoco estás para ir a una fiesta –bufa.

Me quedo en silencio y entonces la realidad me golpea de lleno de nuevo. Estoy aquí…

-Justin… -él nota mi cambio y entonces su expresión cambia con la mía.
-Eh, eh, Sweden –murmura- quiero que estés tranquila. Ahora voy a avisar a una enfermera.

Él se pone en pie e intenta avanzar hacia la puerta pero hago nuestro agarre más fuerte y se lo impido.

-Justin, ¿por qué estoy…

Y entonces todo vuelve a mi cabeza. Imágenes de nosotros, él llorando, yo sobre el suelo. Le veo en la calle y pongo la puerta de por medio, después veo lágrimas, muchas lágrimas. La llamada. Ahora ya lo recuerdo.
Y sé que él lo sabe.

-Sweden por favor –me pide- escúchame, todo está bien.
-Mi madre…

El hace una mueca de tristeza, lo que sirve para confirmar lo que ya sabía.

-Lo siento mucho, Swed.

Mis ojos comienzan de nuevo a llenarse de lágrimas y noto dolor en el pecho. Vuelvo a sentir la misma sensación y ahora recuerdo por qué tomé aquellas pastillas.

-Pero ahora yo estoy contigo –susurra pasando su dedo por mi mejilla y retirando las lágrimas- y no pienso dejarte sola.

Ambos nos miramos y sé que aunque duela… es cierto.


Pasadas unas horas consigo calmarme e intentar absorber toda la información y las emociones. Una enfermera me retira las vías para respirar pero me deja la aguja clavada en las venas. Siempre he odiado las agujas. No puedo soportar estar por más tiempo aquí encerrada. Han dicho que necesito descansar y que si todo va bien esta misma noche podré marcharme a casa. Justin me lo ha explicado todo y yo sigo sin tener palabras para agradecerle todo lo que ha hecho. Él mandó organizar todo el entierro de mi madre. La incineró y esperó a que yo despertara para mandar preparar el entierro para el día siguiente de mi salida del hospital. Si todo sale como esperamos mañana por la mañana le daré un último adiós a mi madre y entonces tendré que aceptar que todo esto es real.

-Justin…
-Oye, siento haberlo hecho sin tu permiso pero si no era así el entierro habría sido hace días y tu no podrías haber estado ahí –murmura.
-No –sonrío- a ella le habría gustado así. Yo solo… -intento encontrar las palabras, pero no quieren dignarse a salir- no sé como agradecerte todo lo que has hecho por mí.

El está acostado a un lado de la cama junto a mí, estamos frente a frente y noto el calor de su cuerpo chocar contra el mío.

-Sólo quédate conmigo –susurra.

Nuestras miradas se hacen ahora más intensas y él se acerca más a mi cara. Sé lo que busca, y yo también lo quiero. Demonios, no sé cómo pude haber pensado ni un momento en estar lejos de ti. Sus labios me buscan y yo siento el calor. Mojo los míos y cierro los ojos, noto su mano sobre mi cara y nuestras bocas se unen en una solo mientras sus dedos acarician mi mejilla y me siento más fuerte que nunca a pesar de que la vida quiera acabar conmigo, porque mientras le tenga todo sobra. Subo mi mano por su cuello y entonces hecho su cabeza hacia atrás haciendo que abra más la boca. Lo necesito. Él sonríe sobre mis labios captando la petición y ahora es quien me obliga a abrir la mía para entrar dentro. Nuestras lenguas se acarician y comienzan a darse de nuevo la bienvenida. Le he echado tanto de menos…

-Oye, ¿estás bien? –susurra una vez separados, todavía está muy cerca.
-Lo estaré.

Justin echa hacia atrás unos centímetros más para poder mirarme a los ojos y suspira.

-Realmente siento todo esto.
-Justin, nada de esto es culpa tuya –bufo- yo soy una idiota.
-Debería haber estado ahí –y ahora una mueca de dolor cruza su cara.
-No puedes estar en todos sitios a todas horas en cualquier momento –le digo buscando sus ojos- eres Justin Bieber, no Superman.

Él me mira y vuelve a hacer una mueca, esta vez de sonrisa.

-Tenía miedo de despertarme en ese sillón y que tu no estuvieras.
-Pero ahora estoy aquí. Supongo que es mejor no saber que instante será el último –sonrío- ¿Quién dice que no viviré para siempre?
-Una vida inmortal a tu lado –susurra, y mira al techo.
-Eres idiota –suelto una pequeña carcajada y él vuelve a mirarme en silencio- ¿Qué?
-Me gusta ser la razón de tu sonrisa.
-Solo estamos en este mundo por un tiempo limitado así que ¿por qué no disfrutarlo?

Él me mira y asiente.

-¿Significa eso que no vas a volver a echarme de tu casa?
-Te comportaste como un imbécil, estabas loco así que tuve que echarte –intento sonar divertida pero lo cierto es que ese tema aún me duele.
-No sabes cómo me sentí aquella noche –dice- siento haber perdido la cabeza.
-No importa –sonrío y junto nuestras manos.

Y él clava en mí sus ojos perforándome el alma.

-Tú eres mi vida.
-Nunca quise ser tu vida entera, solo tu parte favorita.
-Oh, créeme, lo eres.


Poco después la enfermera trae una bandeja con comida para mí y Justin baja a la cafetería a por un bocadillo. Yo tengo que comerme esta basura o no me dejarán salir hoy. Mientras miramos la tele al fondo su teléfono suena y veo que habla molesto con alguien, al colgar vuelve a sacar su sonrisa pero sé que algo va mal.

-¿Qué ocurre?
-No es nada –dice, y le da otro bocado.
-Ajam –murmuro y lo miro fijamente.
-No es… -él capta que finalmente tendrá que decírmelo así que se rinde- Scooter no deja de llamar.

Y entonces me doy cuenta de quién está a mi lado.

-Tú deberías estar en California.
-Yo solo debo estar aquí –dice convencido.
-Justin, tú tienes obligaciones.
-Primero tú –me señala- después el mundo –vuelve a fijar la vista en la televisión- y comete eso de una vez, frio estará aún peor.

Resignada se que ha dado el tema por zanjado, aunque aún tenemos mucho de lo que hablar.

-Justin…

Él me mira alzando una ceja.

-No es eso.
-¿Qué entonces?
-¿Cómo…

Dejo sin terminar la frase porque sé que lo ha entendido. Suspira pesadamente y busca valor para comenzar a hablar.

-Nunca llegué a irme –encoje los hombros- me quedé sentado en la puerta de tu casa.

No puedo evitar que una sonrisa asome por las comisuras de mis labios.

-¿Enserio?

Él asiente indiferente y entonces se pone serio.

-Pasaron las horas y tú seguías sola. Pensé que tu madre ya debería haber llegado y entonces escuché ruidos dentro. Solo necesitaba saber que estabas bien –murmura- llamé mil veces a la puerta pero nadie abría. Al principio supuse que no querrías hablar conmigo pero pasado el tiempo vi que no era normal y…
-Y tiraste la puerta abajo –río.

Él me mira medio divertido y medio irritado porque su comentario me haga gracia. Guarda silencio y asiente.

-Si.
-¿Tienes complejo de Hagrid?
-¿Qué? –dice desconcertado.
-Hagrid, el de Harry Potter –intento reprimir una carcajada pero acabo poniendo una cara ridícula sin poder evitarlo así que la suelto- a él le va eso de echar puertas abajo.
-Idiota –dice ahora, pero entonces sonríe.

Le doy un pequeño codazo y se retuerce de falso dolor.

-Oye, no te hagas la graciosa ¿vale? –Ahora parece molesto- yo tuve que hacerte vomitar –hace una mueca- ¿crees que fue agradable?

Y entonces me quedo congelada.

-¿Enserio?

Justin se da cuenta de mi cambio e intenta quitarle importancia.

-No lo decía…
-No, lo sé –susurro- es solo que…
-No te sientas mal –me pide.
-Yo solo quería dejar de sentir dolor –bajo la mirada hasta el suelo- no es fácil ver como pierdes lo que antes creías eterno.

Su agarre se hace más fuerte entre mis dedos y asiente.

-No importa cuántas veces caigas si en todas te levantas –mustia.
-No es una excusa.
-Lo sé –murmura, y noto como sus ojos se rompen, está reprimiendo las lágrimas- morí de mil formas diferentes cuando te vi ahí tirada Sweden. No puedes imaginar…
-Shh –pongo un dedo sobre sus labios y levanto su cabeza.
-Dejemos todo esto ¿vale? Solo quiero estar contigo.
-Es lo único que necesito –responde.

Y así sus ojos vuelven a recuperar poco a poco su color miel y sus labios acortan distancias para encontrar de nuevo los míos, esta vez de una forma más intensa y desesperada.
Nuestra droga.
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