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viernes, 4 de octubre de 2013

•"Tan solo una salida" {Capítulo 32}.

-Míralo por el lado bueno –sigue- si sabes que el sigue con su vida ahora tu podrás seguir con la tuya, solo olvídalo.

Otro pinchazo se clava en mi pecho y me retuerzo.

-Me estas pidiendo que olvide a alguien que me hacía olvidarlo todo.
-Duele –asegura- pero te acostumbras –frunzo el ceño y ella asiente- yo tuve que aprender a protegerme de quien mientras me traicionaba gritaba “¡Confía en mi!”.
-Justin no…
-Sí, lo hizo –murmura- por eso no merece que derrames una sola lágrima más por él. Y ahora métete en la cama, van a apagar las luces.

¿Las luces?

Miro a través de la ventana y veo que todo está oscuro. Debe de ser muy tarde, he vuelto a perder el día.

-Yo…
-Solo duerme –me pide- por la mañana todo será mejor.

Tresh extiende su brazo alrededor de mi espalda y me ayuda a levantarme. Me dejo caer sobre la cama y me quedo allí, inmóvil, hasta que todo se vuelve a quedar en silencio y me siento tan rota que ni siquiera encuentro la voz para gritar.


Abro los ojos y siento la oscuridad todavía caer sobre mí. Me giro y paso la mano sobre mi frente para eliminar el sudor frío. Estoy agobiada. Llevo demasiado tiempo pensando y noto mis pies temblar. No he dormido nada a pesar de que deben de ser sobre las cuatro de la madrugada. Me incorporo sobre el borde de la cama y miro al techo mientras siento que las paredes se hacen cada vez más pequeñas y me engullen.

Necesito salir. Corro hacia la puerta y tiro de ella, pero está cerrada.

Maldita sea.

Camino a tientas hasta la cama de Tresh y extiendo la mano para tocar su espalda.

-Tresh –la llamo en un murmuro- Tresh necesito salir –las manos comienzan a temblarme y la angustia se hace mayor- necesito salir de esta habitación –le pido.

Ella se da la vuelta y noto como suspira.

-¿Qué ocurre? –su voz suena espesa.
-Necesito salir a dar una vuelta –suplico- sé que tu sabes cómo abrir la puerta, te he visto hacerlo –estoy nerviosa- por favor, abre.
-Si te pillan fuera tendrás problemas Sweden, duerme.
-No puedo –mi voz es casi un grito- por favor.

Ella guarda silencio un momento y después se incorpora para rebuscar algo debajo de su almohada. Saca lo que parece ser una llave, aunque en la oscuridad no se ve gran cosa. Oigo ruido y un chasquido. Después la puerta se abre dejando pasar el rastro de luz apagado del pasillo.

-Vuelve antes de las seis ¿quieres? Si alguien te ve diré que me golpeaste hasta dejarme inconsciente. Me obligaste –bufa, y vuelve a la cama.
-Gracias –susurro- gracias Tresh.

Corro hacia afuera y una vez en el pasillo el frío me recorre los huesos. Olvidé ponerme unos zapatos. La humedad se huele en el aire y todo está terriblemente apagado. El silencio recorre los pasillos y las sombras se apoderan de las paredes, pero el espacio es grande y yo inspiro fuertemente dejando correr por mis pulmones algo de vida. Comienzo a caminar en silencio intentando recuperarme del ataque de pánico de ahí dentro. Atravieso el pasillo principal y entro en otro más pequeño, dos más y salgo a un jardín en el que no había estado nunca. Esta parte es desconocida para mi, aunque en realidad todo lo es puesto que no vi más que el comedor y mi propio cuarto. Busco a tientas hasta toparme con un banco de piedra y me siento con cuidado. Al mirar hacia arriba el cielo negro se extiende ampliamente y las estrellas desaparecen cuando clavas los ojos en ellas. Las paredes del orfanato corren hacia arriba hasta gran altura dejando ver pequeños balcones que acaban orientados al jardín. Podrías subir las escaleras y asomarte desde uno de los pasillos más altos para ver el banco en el que estoy sentada del tamaño del tapón de un bolígrafo. Vuelvo a respirar el aire fresco y paso en la oscuridad la mirada a través de los distintos balcones. Realmente esto es relajante. Sigo mi recorrido hasta parar de golpe al notar algo. Una mancha parece asomar de uno de los bloques de la derecha, ese es el ala de los internos varones, hago más aguda la visión y entonces me doy cuenta de que la mancha es una persona y que prácticamente todo su cuerpo está fuera de la barandilla.

-Mierda –susurro, y salgo corriendo hacia la entrada del edificio masculino.

La adrenalina ha vuelto a mi cuerpo y corro escaleras arriba sin tener ni idea de que hacer hasta encontrar la planta que creí ver como la sexta cuando conté el número de balcones. Salgo a un pasillo y este me lleva a otro hasta notar de nuevo el aire. Salgo a un tramo exterior en el que la pared de la izquierda da a la oscuridad de la noche y una barandilla te separa de la distancia al suelo, la cual no es obstáculo para la figura que diviso al final del pasillo.

Corro como si realmente pudiera impedir que ese chico salte y me paro en seco cuando llego a su lado y reconozco su cara. Veo una cicatriz tenue a través de la luz que entra de lado que ocupa desde su oído hasta la parte de abajo del cuello, y entonces sé quien es.

-Ian –murmuro a unos metros de él, ahora se ha girado ante la sorpresa pero sigue sentado sobre la barandilla con el cuerpo hacia afuera- Ian ¿Qué estás haciendo?

Espero su respuesta pero no llega, en vez de eso baja la mirada hasta el suelo, seis plantas más abajo, y suspira pesadamente.

-Ian, baja de ahí –susurro, y comienzo a andar hacia él, que extiende un brazo hacia mí para que me detenga- por favor –le pido- no hagas nada.

El vuelve a suspirar y cierra los ojos, cogiendo aire y se pone en posición para saltar al fondo.

-¡Espera! –grito, tan fuerte que deseo que alguien haya podido escucharme y venga- Ian… -mi mente abarrotada de ideas y angustia se pone en marcha para intentar ganar tiempo, pero sé que no servirá de nada- No te conozco desde hace mucho ¿sabes? Pero sé cómo eres –murmuro, y él vuelve a abrir los ojos para encontrarse con los míos- sé que eres inseguro, se que te han hecho daño hasta romperte –un nudo ocupa mi garganta y peleo para deshacerlo- sé que sientes que todo está perdido y que no hay más salida, que no sirve de nada pelear por algo que no está ahí al fin y al cabo –él hace una mueca y entonces sé que me escucha- sé cómo es sentirse tan hecho pedazos que ya ni siquiera te importa si te levantas un día más. Sé lo que es el no ver futuro, y también sé lo que es estar donde tu estas ahora –la voz me tiembla e intento mantener la calma mientras cuento mi propia historia- yo estuve ahí, estuve como tu estas ahora. Lo intenté –me estremezco ante el recuerdo- intente dejarlo todo y abandonar. Desperté en el hospital días después y ¿sabes qué? –él aprieta los labios hasta que se forman dos finas líneas sobre ellos y me mantiene la mirada- que cuando abrí los ojos y vi que seguía viva di gracias a Dios por darme otra oportunidad –siento que voy a vomitar- comprendí que es una estupidez querer quitarte la vida cuando vas a morir tarde o temprano, que la vida no es fácil pero que siempre hay alguien que quiere cogerte la mano para que no saltes, abrazarte y decirte que todo va a estar bien y saldréis de esta. Vamos Ian, déjame ayudarte –él se queda inmóvil y siento que lo he perdido- por favor.

Y ahí me encuentro yo, intentando salvar a alguien cuando ni yo misma puedo salvarme. Es curioso como das consejos y ni tú misma los aceptas. Acorto nuestra distancia y avanzo hasta plantarme justo a su lado, extiendo mi mano y rezo para que decida cogerla. Sostengo su mirada y entonces él hace un movimiento. Al principio creo que va a soltarse pero después su brazo corre hacia mí y noto sus dedos fríos sujetar los míos. Pasa una pierna y después la otra a través de la barandilla. De un salto aterriza en el suelo y yo suspiro haciendo que mi alma vuelva a entrar en el cuerpo.

-Gracias –susurro.

El me observa con una extraña mueca en la cara y sé que es de incredulidad, también sé que está pensando por qué precisamente yo he corrido descalza seis plantas y me he acercado al borde para agarrar su mano, sé que está pensando en por qué alguien querría ayudarlo si ni el mismo acepta su propia ayuda. Una inmensa sensación de paz me inunda por dentro por haber podido salvarle a la vez que angustia por pensar qué le habrá llevado a querer saltar, y entonces sé cómo se sintió Justin al encontrarme tirada en el suelo aquel día. El pecho vuelve a dolerme y siento que voy a derrumbarme justo cuando Ian avanza hacia mí y de repente me veo entre sus brazos. Me abraza tan fuerte que siento mis costillas estremecerse, pero no me muevo. Estiro mis brazos para rodearlo y sé que es su forma de decir que todo está bien. Le escucho sollozar sobre mi hombro pero no digo nada, hace más fuerte nuestro agarre y unos minutos después, lo que se siente como una eternidad, se separa para mirarme a los ojos. Ahora su expresión es de calma.

-Creo que deberíamos volver a la cama –alzo la vista al cielo y veo que comienza a ponerse más claro- está amaneciendo.

El asiente y hace un amago de lo que parece una sonrisa. Toca mi hombro y después se da la vuelta para desaparecer. Observo en silencio como se aleja y dudo en acompañarlo a su habitación para asegurarme de que no volverá corriendo para lanzarse de cabeza, pero finalmente decido dejarlo estar y regreso a hurtadillas hasta mi cama.



Alguien está tocando mi hombro cuando abro los ojos después de lo que creo que son tan solo unos minutos, pero al mirar a través de la ventana veo que el sol brilla allí fuera.

-Buenos días chica nueva –dice animada Tresh, sentada en el borde de mi cama.
-Creo que he dejado de ser nueva –murmuro.
-¿Qué tal tu paseo nocturno? –pregunta, y de repente imágenes dispersas vienen a mi cabeza como una película a cámara rápida. Trago saliva y me incorporo para dirigirme al baño.
-Bien –murmuro desde dentro- solo necesitaba salir para aclarar mis ideas.


Al entrar en el comedor ocupamos nuestra habitual mesa con una excepción. Ian no está en ella. Mark ya está engullendo sus cereales y nos saluda con un movimiento de cabeza. Tras recoger nuestra comida Mark comienza su monologo y yo le doy un sorbo a mi zumo de fruta mientras clavo la mirada en la puerta para observar quien entra y sale.

-¿Dónde está Ian? –comenta Tresh despreocupada.
-Lo llamé esta mañana pero quiso seguir durmiendo –asegura Mark- no creo que venga hoy.

Y acto seguido, como si le hubiera escuchado, Ian hace su aparición en el comedor, camiseta blanca y pelo despeinado, para dirigirse a su sitio y saludar con un asentimiento.

-Hablando del bello durmiente –bufa Mark.

Él hace una mueca y gira la cabeza en mi dirección. Nuestros ojos se encuentran y de repente me siento incómoda. ¿Cómo se supone que debo reaccionar después de haber evitado que un chico se haga puré en el asfalto? ¿Un “hola” está bien? ¿Tal vez un “¿Qué tal has dormido? ¿Te alegras de haber despertado en tu cama y no con el cráneo esparcido por el jardín?” me decido por un saludo simple y asiento en su dirección en respuesta.

-Y bueno, ¿Cómo has dormido después de tu escapada nocturna? –Espeta Mark en su dirección- ¿tienes a alguna niñita del pabellón B siguiéndote el rastro y no nos lo has contado?

El baja la mirada y se limita a ignorarlo.

-Sweden también decidió dar un paseo ayer de madrugada –interviene Tresh- parece que ahora está de moda.

Mark me dedica una mirada sucia y después la pasa a Ian, que intensifica su mirada dura en una mueca de desprecio para hacerle olvidar lo que está pensando.


Más tarde, Tresh decide ir a arreglar unos asuntos con sus contactos para hacerse con más ropa y unos cascos nuevos así que yo decido abandonar el comedor y atravieso el pasillo con la cabeza baja y la mente en otro sitio cuando alguien se para frente a mi y nos chocamos de lleno. Alzo la vista y me encuentro con Mark y su sonrisa intensa.

-Eh, preciosa –dice alegre- ¿ya te vas?
-Eh… si –contesto, intentando seguir mi camino, pero él me corta el paso.
-¿Por qué no vienes a dar una vuelta?
-No, gracias –le digo.
-Vamos –da un paso hacia mí, de forma que nos encontramos molestamente a demasiada poca distancia- he sido paciente, pero ya es hora de que nos divirtamos un poco ¿no? –sonríe, sucio.
-Mark –me alejo dos pasos hacia atrás- no estoy de humor.
-Nunca estas de humor –bufa- pero yo puedo arreglarlo.

Éste vuelve a acercarse y coloca su mano sobre mi cintura atrayéndome sobre su cuerpo.

-Para –le aviso, pero rodea mi espalda con la otra mano y hace fuerza acercando su cara a la mía- he dicho que pares –espeto.
-¿Por qué te resistes tanto? –murmura.
-¿Qué coño estás haciendo? –alzo la voz, perdiendo la paciencia.
-Vamos, he estado lanzándote indirectas todo el tiempo –su sonrisa se hace más amplia y clava sus dedos en mi cadera- y tú me las has devuelto.
-¿Qué yo qué? –Bufo- apártate.

Intento zafarme de su agarre pero él me empuja contra la pared, apoyándose sobre mí e inmovilizándome. De repente siento que me falta el aire y mi cabeza vuela tiempo atrás hasta detenerse en Scott, pero esta vez Justin no está para protegerme, y eso hace que el corazón me dé un vuelco.

-Déjame que te enseñe lo que es pasarlo bien aquí dentro –sus ojos pasan de mis ojos a mi boca y después bajan hasta mi pecho- haré que cambies esa cara.
-¡He dicho que me sueltes! –me retuerzo contra el para echarlo a un lado, pero es inútil. Maldita sea.
-¿Por qué no… -comienza a decir, pero alguien lo agarra por detrás como un muñeco de trapo y lo echa a un lado.
-Ha dicho que la sueltes, idiota –dice una voz ronca, y por alguna razón escucho a Justin en mi cabeza, aunque sé que es imposible. Al principio no la reconozco, y entonces sé que es porque nunca la he escuchado antes. Alzo la vista y veo a Ian, que mira fijamente a Mark a su lado- deja de ser tan baboso –espeta.

Paso la mirada hasta Mark, que tiene la mandíbula desencajada por la sorpresa y los ojos perdidos. Ian me hace un gesto y yo lo sigo por el pasillo, dejando atrás al chico inmóvil y entrando al jardín, que ahora está lleno de luz y deja pasar algunos rayos de sol desde lo alto de los muros. Ian toma asiento en uno de los bancos  y yo le imito, aún sin saber muy bien por qué me ha traído aquí. Él me mira y después coge aire antes de clavar la vista en sus manos.

-Oye –comienza, y duda antes de seguir- solo quería darte las gracias por lo de anoche –su voz es ronca pero suave- y por no decir nada.

Le miro durante un momento sin saber cómo reaccionar ante el hecho de estar oyéndole hablar después de tanto tiempo, realmente creía que era mudo e intento buscar las palabras correctas.

-De nada –murmuro- te vi allí y…

El asiente y dejo la frase en el aire.

-¿Qué hacías, de todas formas, sola en los pasillos a esas horas?
-No lo sé –susurro- estaba agobiada, no dejaba de pensar y necesitaba salir.
-Puedo notar que no eres así –murmura.
-¿Cómo? –su afirmación me pilla de sorpresa.
-Así –repite- como eres aquí dentro. Tengo la sensación de que fuiste alguien feliz.
-Bueno… he tenido mis momentos.
-Y adivino que esos momentos te los dio alguien en concreto –asegura- y que por eso ahora te sientes tan vacía.

Demasiado directo para ser alguien que no habla demasiado.

-No… -susurro, pero ambos sabemos que está en lo cierto.
-No voy a obligarte a nada como nuestro amigo Mark –hace una mueca- pero ahora que sabes que no soy mudo –sonríe, es la primera vez que le veo sonreír- puedes contarme lo que sea.

Guardo silencio un largo tiempo, meditando en si realmente quiere escucharme o si solo se siente en deuda conmigo. Finalmente opto por una respuesta sin demasiados detalles.

-Siempre hay alguien –digo- esa persona que te hace sentir bien. Y luego descubres que se acabó porque lo que teníais no era tan único y especial.

El pecho comienza a dolerme porque aún no quiero admitir que Justin y yo hayamos acabado como empezamos, siendo dos perfectos desconocidos. Quiero agarrarme a un clavo ardiendo y pensar que de repente pasará algo y volveremos a estar juntos como otras veces, que podemos seguir superándolo todo porque realmente yo seguiría dando mi vida por él una y mil veces más, pero él…

-¿Puedo decirte algo? –Murmura- tal vez no te guste.
-Adelante.
-Creo sinceramente que si alguien te quiere busca la manera de poder estar contigo, así de simple. Sea lo que sea. Lo hace.

No es tan fácil cuando esa persona es mundialmente conocida y puede tener a quien desee, mientras que tú no eres nadie. Y mil alfileres se clavan en mi estómago.

-Puede que tengas razón –suspiro.
-También pienso que toda una chica debe saber que no necesita en su vida a quien no la necesita en la suya –explica- por lo que nadie merece que pierdas las ganas de vivir.

Su mirada se clava en la mía y entonces comprendo lo que quiere decir. Pero también sé que me costará la vida.

-Gracias –murmuro- pero debería ser yo quien estuviera tratando de darte consejos ¿no crees?
-No –dice sin más- yo estoy bien.
-Ian…
-De verdad que lo estoy –asegura, pero sé que no es cierto.

Y ahí me encuentro a mi alter ego, a alguien totalmente idéntico a mí, que esconde sus sentimientos e intenta hacer creer a todos que es fuerte aunque esté ardiendo por dentro, a quien prefiere ayudar a que lo ayuden, pero necesita el más grande de los apoyos.


Tras una charla con Ian y su nueva voz encontrada regreso a mi habitación con una sensación extraña, que nada más traspasar la puerta desaparece para ser ocupada por la angustia de nuevo. Tresh aún no ha llegado por lo que tengo otro rato para estar sola y meditar. Me tiro sobre la cama con los brazos tras la cabeza y miro al techo examinando cada grieta que lo atraviesa por el duro cemento. Hasta la superficie más dura acaba rompiéndose. Cierro los ojos y permito que mi mente recupere una selección de recuerdos felices, los que guardo en mi rincón especial. Con él. Dejo pasar las imágenes por mi cabeza una a una. Justin y yo paseando. Justin y yo tomando un helado. Justin y yo viendo una película. Justin y yo sobre el césped. Justin y yo peleando por cosas tontas. Justin y yo simplemente tirados sobre la cama. Justin y yo. Juntos. Al fin y al cabo.

Un sonido molesto interrumpe mis pensamientos y deseo que explote en mil pedazos sea lo que sea. El ruido se hace más insistente y distingo una melodía. Música. Una sonrisa se deja ver por las comisuras de mis labios porque llevo demasiado tiempo sin escucharla, y todo porque en este estúpido sitio no permiten aparatos electr…

¡Mierda!

Salto de la cama casi perdiendo el equilibrio y corro, corro hacia el aseo siguiendo la melodía, y corro lo más deprisa que puedo, y más, más porque sé lo que es, más porque sé quien está haciéndolo sonar. Entro precipitadamente y agarro el teléfono llevándomelo a la oreja con miedo porque deje de sonar. Descuelgo y de repente los nervios me juegan una mala pasada y me quedo sin voz para responder.

-¿Hola? –dice una voz al otro lado- verá, le parecerá una tontería pero… -demonios, yo reconozco esa voz- hace poco llamaron a mi teléfono y contestó otra persona –la sangre se drena de mi cara y contengo la respiración- el caso es que estaba esperando tener noticias de alguien y la chica no dijo cómo se llamaba –intento no desmayarme y entonces noto que su voz está tensa, cojo aire y le siento rígido al otro lado, nervioso, y puedo ver como su voz tiembla- solo… solo querría saber quién llamó para…
-Justin… -es todo lo que puedo responder, y mi susurro atraviesa la línea provocando que su voz se detenga de inmediato y suelte un largo suspiro entrecortado.
-¿S-Sw…Sweden? –él tartamudea al otro lado y noto como contiene el aire sin creer lo que está escuchando.
-Justin –repito ahora, aún sin fuerza- Justin soy yo.

Y sin poder evitarlo, sin saber por qué, las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas y corren hasta mi cuello. Lágrimas de algo, un sentimiento que no logro averiguar.

-¡SWEDEN! –Grita, tan fuerte que tengo que separar el teléfono de mi cara por el espasmo- dios mío –ahora su voz tiembla de verdad- demonios, ¿eres tu realmente? ¿Sweden? Háblame.
-Soy yo Justin, soy Sweden –me llevo la mano a la boca y contengo un grito de emoción- no puedo creer que esté hablando contigo –susurro- oh Justin…
-Gracias al cielo –exclama, y lo noto ir de un lado a otro por alguna habitación- no sabía si podría volver a… joder Sweden, desapareciste, pensaba que ya no volvería a verte, solo necesitaba… yo… tenía que… rogué al cielo poder hablar contigo una vez más pero… y tu… intenté…
-Justin, Justin –intento calmarle- lo siento.
-¿Qué? –espeta, sorprendido.
-Siento… todo esto –susurro- lo siento.
-Definitivamente eres mi pequeña –ríe amargo- echándose la culpa por todo lo que no está en su mano, incluso por el hambre en el mundo –podría adivinar que en ese momento una lágrima recorre su mejilla, pero no estoy segura.
-Justin, yo…
-Vale –me corta, y su voz se torna dura- dime donde demonios estás.

Su respuesta me pilla desprevenida. Es el Justin frío.

-¿Por qué? –logro decir.
-Sweden –me llama, y escucho mi nombre salir dulce a través de sus labios, como solo él puede hacer- necesito que me digas dónde estás, ahora.

¿Él no lo sabe?

-Estoy en… en el orfanato –suspiro angustiada- en el orfanato Drive Point a las afueras de la ciudad.
-Maldita sea –espeta- voy a por ti.
-¿Cómo?
-Voy a ir a por ti, no sé cómo pero lo haré –su voz suena amenazadora, sé que está tenso de nuevo- he estado buscándote desde que saliste por aquella maldita puerta y ahora no van a impedirme que te lleve conmigo.
-Pero Justin…
-Volveré a llamarte, te quiero –murmura- espérame nena.

La llamada se corta y yo me quedo con su nombre en el borde de mis labios. Inmóvil y sin poder moverme mil preguntas me vienen a la cabeza. Mil contradicciones, todo muro en mi cabeza se derriba y siento que los pensamientos me ahogan. ¿Qué acaba de pasar? ¿Qué…

-¿Sweden? –Grita Tresh cerrando la puerta detrás de ella- ¿estás aquí?

Mis ojos mirando a la nada, mi boca entreabierta por la palabra que no pude llegar a decir, la respiración entrecortada, el pulso a mil por segundo y cada centímetro de mi cuerpo temblando por haber vuelto a escuchar su voz.

-Estoy aquí –musito, tan bajo que ni siquiera yo puedo escucharme.

Necesito unos segundos para volver a recuperar la movilidad de mi cuerpo y entonces me abalanzo fuera de la habitación, asustando a Tresh de tal manera que salta sobre su cama con un grito ahogado.

-¡Maldita sea! –Espeta- ¡Se te ha ido la cabeza! ¡Me asustaste!

Aún sin creer lo que acaba de pasar, levanto las manos en el aire para captar su atención. Necesito decir esto en voz alta.

-Me ha llamado –suelto, lentamente cada palabra- Justin me ha llamado, y estaba ahí, estaba… llorando.
Ella abre los ojos y se deja caer sobre la cama con las piernas cruzadas y dejando salir un suspiro por entre sus dientes.
-Vaya, realmente te has vuelto majara –dice- tendremos que buscarte un loquero.
-Escúchame Treshboth –me acerco hasta ella y cojo sus manos- me ha llamado de verdad –ahora intento asimilarlo todo- estaba en la cama y comencé a escuchar un sonido, ese sonido era el teléfono –respiro lentamente- al principio creí que era la radio pero entonces recordé que no tenemos radio –bufo- y era él.
-Pero… ¿Cómo?
-No lo sé –aseguro- pero dijo que le esperara.
-¿Esperarlo? ¿Para qué?
-Dijo… -susurro- dijo que vendría a por mí.

Ella niega con la cabeza tan desconcertada como yo.

-Pero es imposible, aunque viniera… él no podría entrar. No lo dejarían. Hay mucha seguridad aunque esto parezca cutre. Y además una vez dentro… ¿Qué haría? ¿Sacarte por la ventana? –bufa.
-No lo sé –sonrío- pero tampoco me importa. Él no me ha olvidado.


Esa noche no puedo dormir. No consigo mantener los ojos cerrados más de dos minutos, pero por primera vez me siento bien, me alegro de no poder hacerlo, porque el motivo es que pude escuchar su voz. Y me dijo te quiero de esa forma tan suya que hace que se te erice todo el bello y sientas electricidad en la columna vertebral. De esa forma tan suya que cambia de ánimo y sigue sonando tierno, de esa forma tan suya que te devuelve la vida en menos de dos segundos aunque hayas estado muerta semanas, de esa forma tan suya que con tan solo suspirar te hace querer comerte el mundo. Porque sigue aquí. A pesar de todo.


Despierto con el teléfono pegado al pecho y me incorporo inmediatamente aún sin ni siquiera ver bien, rozo el botón para desbloquear y espero a que la pantalla se ilumine para ver si hay alguna llamada perdida, pero no lo hace.

Maldita basura.

Vuelvo a presionar el botón y la pantalla sigue apagada.

-¡Tresh! –grito, y ella abre los ojos con un espasmo.
-¿Qué? –me mira asustada.
-¡Este trasto no se enciende! –Espeto- ¡está muerto!
-Maldita sea Sweden ¿Qué hora es?
-Podría decírtelo si esto cobrara vida –la miro- pero no lo hace, por eso te despierto.
-Se habrá quedado sin batería –murmura, y vuelve a dejarse caer.
-Pues pide un cargador.
-En realidad ya debería haber devuelto el teléfono, voy a tener problemas –espeta- y de todas formas no podrá volver a llamarte –asegura- ni siquiera sé cómo pudo hacerlo antes.
-¿Qué?
-Ese teléfono está trucado para que el número no quede grabado y tampoco pueda recibir llamadas, se usa en todo el orfanato –suspira- es la moneda de contrabando y cambian a menudo la tarjeta.
-Pero él…
-Lo sé –se gira, dándose por vencida, pues sabe que no va a volver a dormir- por eso me pareció extraño, claro que con conocimientos y un buen hacker…
-Ryan –susurro.
-¿Qué?

Justin le pidió a Ryan que rastreara el número porque esa chica le dijo que alguien había llamado preguntando por él, y sabe que el número al que llamé  solo lo tiene su familia y… yo. Así que al ver el contacto desconocido… estoy segura de que él estaba atento a cualquier pista, dijo que me buscó todo el tiempo.

-Nada –finalizo- ¿tienes hambre?

-En realidad tengo sueño –espeta, y se da la vuelta tapándose la cabeza con la sábana. 

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